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Cerebro, emociones y decisiones

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 22 oct 2020
  • 7 Min. de lectura

Pensamos demasiado, desde niños se nos ha inculcado a pensar las cosas que hacemos, meditar las decisiones, sopesar, valorar, etc... Hemos sido adoctrinados para vivir bajo la mordaza del raciocinio, para buscar la practicidad y obtener resultados a corto y medio plazo.

Nuestro cuerpo es muy complejo, y esta súper bien hecho y estructurado, os pido que demos un vistazo al pasado y ya que nos gusta o tenemos ese jodido vicio de pensar, reflexionemos un poco.

En los últimos tiempos se ha comenzado a educar a los niños en el mundo de las emociones, ese mundo que los adultos de hoy hemos aprendido a base de experiencia y leñazos. Ahora ya se les habla a los críos sobre la “inteligencia emocional”, sentir, gestionar y expresar las emociones.

En nuestra época de colegio e instituto simplemente se nos evaluaba la inteligencia por los resultados, por los resultados en test, en exámenes, por lo bien que asimilábamos conocimientos. Vamos que podíamos ser muy listos pero unos tarugos emocionales, ibas avanzando en la vida coleccionando datos, pero podías ser malcriado, irascible, intenso, depresivo, cariñoso, plasta, grosero, antisocial o excesivamente social, sensible o insensible, activo o calmado, alegre o triste, sosainas o inquieto… Al final, aunque pillaras unos berrinches de tres pares de cojones, si sacabas notazas todo estaba bien con el crio y lo que ocurría es que estabas mimado o malcriado, ya se le pasará.

Así hemos llegado hoy, medio tarados o tarados del todo. Perseguimos de adultos cualquier forma, teoría o mantra que nos eduque emocionalmente. Y con estas nuevas herramientas lo seguimos buscando racionalmente esperando resultados. Nos equivocamos, nos equivocamos de raíz. No es el cerebro, o al menos la parte racional del cerebro la que toma todas las decisiones.

A ver, la parte racional del cerebro es la más útil, es la que más utilizamos, es la que más hemos desarrollado y es vital para tomar decisiones sobre el día a día. De hecho, la empleamos el 98% de las ocasiones, que trabajo escoger, que casa comprar, que ponernos, que coche tener, en nuestras decisiones profesionales, en nuestros hobbies, etc… Para todo esto, evaluamos pros y contras, calculamos que nos va a dar mayores beneficios, alegrías, que nos va a ser más practico o más cómodo. Y todo esto es correcto y no está libre de que la caguemos.

Entonces diréis, que pasa con el otro 2%. Pues bien, ese pequeño porcentaje de decisiones no son competencia de nuestro ser racional, es una parte totalmente gobernada por las emociones, por sensaciones, por sentimientos. A esa parte se la pela si vamos a obtener beneficio o no, si la decisión va a ser correcta o no, esa parte decide y punto.

Las decisiones de verdad, las importantes, las que nos generan las mayores alegrías y también nos hunden en la tristeza absoluta, las q son cómo cerdito agridulce en bolitas, las decisiones q nos dan la vida y q dan sentido a la misma...esas decisiones no las hemos pensado.

No pensamos y evaluamos de quienes nos hacemos amigos, con quien congeniamos o no, simplemente pasa. No buscamos amistades profundas por curriculum.

No pensamos o evaluamos en tener los hijos o no, se tienen o no se tienen. De hecho, si lo pensáramos no los tendríamos porque nunca sería el momento.

No pensamos y evaluamos de quien nos enamorarnos, no elegimos pareja evaluando pros y contras, nos ocurre sin más y no podemos controlarlo. Nuestra esencia se enamora de otra esencia, aquí no va de ser heteros, bi, homo, panes, sapios, etc… Nuestra esencia elige a quien.

No vamos calculando y acotando cada una de nuestras emociones y actuamos como robots, en plan esto me vale un 75% o esto un 15%, esto me suma o esto me resta, demasiado matemáticos nos hemos vuelto todos.

Cuando pasamos todas esas decisiones emocionales al ámbito racional y las pasamos de nuestra aura, corazón, tripa, alma... a nuestro cerebro, este no entiende nada y se pone a calcular inútilmente, se sobrecarga de datos y evaluaciones que no son cuantificables, termina saturado y explota, se confunde por completo, ni puede ni sabe gestionarlo y nosotros sufrimos muchísimo, nos frustramos, nos amargamos, comenzamos a luchar entre el quiero y el debo.

Quien busca una pareja porque es lo que le conviene en ese momento y quien le conviene, se fija en su nivel de estudios, en su familia, en su cartera, en si es bueno o no, quien evalúa todo eso antes de enamorarse...pues seguramente la decisión la ha tomado con la cabeza y fríamente. Lo que va a encontrar no es una pareja, es un compañero de viaje y más bien de viaje corto. A ver puede ser de viaje largo, al final las infidelidades están a la orden del día, y los clubs de Swingers causan furor.

Las parejas son otra cosa, no las elegimos racionalmente, ya he dicho que nuestras emociones no entienden de hechos tangibles, ni siquiera entienden si la pareja está establecida como tal. Mientras sientes algo estás vinculado.

Las emociones de nuestra esencia son rápidas, rapidísimas en tomar decisiones, porque no precisan de evaluar una mierda. Se siente o no, es simple e instantáneo.

Si evaluamos digamos que un coche que es algo puramente practico y como he dicho racional, nos compramos el que más nos gusta y más se acopla a nuestros intereses. Cuando ese coche pasa más tiempo en el taller que en el garaje, volvemos a evaluar y decidimos cambiarlo. Con las personas por las que sentimos no actuamos así, cuando ese coche/persona pasa más tiempo en el taller que en casa, no evaluamos una mierda, nosotros la acompañamos al taller el tiempo que haga falta porque no nos basamos en algo evaluable.

Yo tengo una grandísima amiga, mantendré su anonimato, aprovecho para mandarle un beso y un abrazo enorme. Pues bien, si la evaluó racionalmente como pareja se lleva un 12 y ella a mí me pondría un 11 seguro. Buena familia, cercana, inteligente, atenta, buen trabajo, guapa, joven, sensible, empática, me entiende, me acompaña, está siempre presente, con un cuerpazo increíble y además hace ya casi 10 años o más que nos conocemos. Entonces porque no somos pareja si seguro que sería ideal, pues porque simplemente no lo sería al no transmitimos las emociones necesarias. Sentimos atracción mutua por nuestra parte racional, pero en la otra parte no nos decimos ni fu ni fa. Creéis que nunca lo he “pensado”, que no me he dicho que bien estaría. Si lo he hecho, muchísimas veces, cada vez que algo me ha salido mal. Y creedme que ella también lo ha “pensado” porque así me lo ha confesado. Lamentándolo mucho esto no va de “pensar” va de sentir, y que el roce haga el cariño es una mentira como una casa.

Quien tiene hijos porque es lo que toca, porque mira estoy con la pareja de siempre, hemos terminado de estudiar, tenemos trabajo fijo, hemos comprado la casa, nos hemos “casado”, pues venga vamos a embarazarnos…Esto es la gran mayoría sino todos, pero no funciona así, eso no significa ser padre, esos niños no van a ser más que una casa, un coche, un curro, o cualquier cosa que se ha tenido porque mira...tocaba y salían los números.

Los hijos son la maravilla de la madre naturaleza, nuestra forma natural y animal de perpetuar nuestra esencia y de paso la especie. Con la persona adecuada surge solo y sin planteárselo, con quien sientes es sencillo dejar que la pasión y el deseo trabajen. La felicidad pura obra el milagro por sí sola, y se tienen los hijos. No han sido buscados, tampoco son el resultado de nada, simplemente existen y se les ama como lo que son, el mayor proyecto conjunto con la persona que compartes tu vida y tu esencia.

Dos ejemplos, dos situaciones bien distintas:

CASO 1: Una familia donde hay buena sincronía, uno aporta unas cosas, otro aporta otras, existe estabilidad, alguien cocina o se encarga de tareas cotidianas, el otro recoge realiza otras tareas y recoge a los críos. Después en el tiempo libre cada cual tiene sus aficiones y se establecen turnos respecto a las responsabilidades para que cada cual disponga de su momento. Todo ideal, todo evaluable, familia totalmente modelo.

Pues bien, todo eso es una puta mierda. Porque todo eso con la debida actitud, el suficiente cariño, responsabilidad y apego está al alcance de cualquiera. Todo se puede aprender, todo es gestionable, todo es negociable y cualquiera que quiera lo puede hacer.

CASO 2: Una familia donde en la pareja existe verdadera devoción, donde basta con mirarse para desearse, donde uno admira al otro y donde los críos crecen viendo ese cariño. Donde claro que existen peleas pero que esas peleas forman nudos asfixiantes en la boca del estómago, existe el llanto y el disgusto, pero después del llanto aparecen los abrazos, los besos, las disculpas y tras esas disculpas la lección aprendida. Donde uno sin el otro se es, pero no se es lo mismo y ambas partes lo tienen claro.

Pues bien, todo eso es lo que toca, lo que no se puede evaluar, lo que la parte racional no puede entender y lo que importa. Y este segundo caso no está al alcance de todo el mundo, aunque se quiera. Eso no se puede comprar, tener, o fingir… existe o no

En realidad, no le pidamos al carpintero q nos haga una barra de pan. Pues no le pidamos al cerebro que evalué el que y cuando sentir. A cada cual lo suyo. El cerebro para calcular, los sentidos para sentir, y las emociones para tomar "únicamente" ese 2% de decisiones.

Si aún actuando de esa manera, dejando que cada parte tome las decisiones que le corresponde tomar, a buen seguro muchas veces te equivocas y lo pasas mal. Imagina si no lo haces así, y dejas a la parte racional que actué sobre tus emociones o sentimientos, al igual que si dejas que la parte emocional tome las decisiones sobre algo que no es su ámbito. Entonces te estas equivocando y te vas a equivocar siempre, no vas a encontrar la felicidad y encima vas a sufrir muchísimo en la vida, luchando continuamente contra ti mismo.




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