Con la calma!
- Tico

- 12 feb 2020
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 12 feb 2020
Llegamos a una edad en la que algunos pocos reflexionamos sobre lo que realmente queremos en la vida y nos ponemos en ese modo en el que deseamos tener paz, estabilidad, calma que no quiere decir aburrimiento en absoluto.
Llegamos a una edad en la que los juegos de adolescentes entrados en años no nos sirven, ni nos convencen, ni los toleramos, ni mucho menos participamos.
Como todo en la vida, a veces resulta paradójico, en ésta edad prácticamente ya las hemos visto de todos los colores, hemos soñado, hemos vibrado, hemos reído, hemos llorado y también hemos sufrido todo tipo de disgustos y maltratos, ya llevamos más corazas encima que el exoesqueleto que tiene el Alien de la película de Sigourney Weaver. Por ello no resulta raro que nuestros pilotos de luces rojas estén más sensibles que un sismógrafo en pleno cinturón de fuego del Pacifico.
¿Cuál es la paradoja? Pues que a pesar de buscar y querer disfrutar esa tranquilidad tan ansiada, muchas veces nos es más complejo encontrarla por nosotros mismos, encontramos más problemas, más pegas, más defectos, más inseguridades…Y todo ello nos empuja fuera de esa paz.
También es verdad, que a ésta edad todo sucede mucho más rápido, y que ya nuestra perspectiva poco tiene que ver con la que teníamos a los 20 años cuando teníamos toda la vida por delante y había mil cosas que ni nos planteábamos como por ejemplo la vida en pareja, trabajo, hijos, niños…Las sensaciones, los sentimientos, todo adquiere una mayor dimensión.
Luego también juega en contra, nuestro nivel de exigencia, yo ya de primeras no comienzo con algo que no me convence de inicio, cuando lo hago es porque tengo la certeza que va a ser sublime, cual obra del mismísimo Mozart. No se trata de pánico al compromiso, todo lo contrario, precisamente lo que se busca es un gran compromiso, un compromiso total. Y ahí radica otra enorme contradicción, buscamos el todo con el dedo sobre el botón de eyección, listos para hacer next como si eligiéramos por catálogo…y creedme así es muy difícil, así no nos va a salir jamás y seguiremos cargándonos más y más con capas de ese barniz feo y viscoso que impide mostrarnos a los demás con todo nuestro brillo natural.
En la imagen inferior muestro un esquemita de la que en mi opinión creo y aplico como un mantra en mi vida, a pesar de los aciertos y los errores. Cierto que quien me conoce puede decir que tengo muy poca experiencia en lo que es la vida en pareja, apenas 2 parejas formales. Pero creo que precisamente es por eso, es por lo que aun mantengo esa perspectiva tan inocente como clara, puede que incluso infantil y soñadora. Otros dirían que romántica, pues siiii.
En inicio todo es fantástico, todo es de color de rosa, todo parece bien y parece que éstas ante tu media naranjilla, fase de enamoramiento o de falsa calma inicial. Luego llegan las primeras tempestades, esas donde te das cuenta que tú eres una naranja, enfrente tienes otra distinta y que si quieres hacer zumo habrá que ponerse de acuerdo en mantener cierto orden y organización. Es totalmente una fase de ajuste, fase de desencuentros, fase de personalidad, fase de aprender a lidiar con los problemas, fase de conocer a la otra persona de verdad en todas sus facetas, sus gestos, sus miedos, sus reacciones, su compromiso, sus detalles, la grandeza de su corazón. Fase también de valoración, de balanza, es una fase de trabajo muy duro que determinara la siguiente fase, la mejor. Por ultimo si se ha tenido la fortuna de sobrevivir, llega finalmente la fase de la paz y la calma real, la tranquilidad que ya no desaparecerá, la fase donde las dos naranjas han creado un delicioso zumo homogéneo y donde las cicatrices se han tornado en unos deliciosos grumitos con todo el sabor y frescura de la fruta.
¿Qué paz, calma y tranquilidad busco yo? Pues es muy sencillo decirlo y muy difícil tropezar con ello, busco alguien que apueste por mi lo mismo que yo por ella, alguien que quiera construir algo a mi lado, alguien que disfrute conmigo las cosas buenas de la vida pero que se quede a mi lado cuando las cosas no salen como desearíamos, alguien que sepa como calmarme y consolarme cuando no me sienta bien, y de la misma manera que yo estaría ahí al completo para dar todo lo que ella necesitara y siempre que lo hiciera. Alguien con quien tener la paz y tranquilidad para poder disponer de ese tiempo para aprender cual es la nota y la respuesta correcta que hay que dar para que la sinfonía se mantenga perfecta durante muchísimo tiempo (ojalá hasta el final de los días cual pareja de córvidos). Alguien que solamente viendo su foto de perfil en el WhatsApp mi cuerpo arda en deseos de arrancarle la ropa y fusionarme con ella y solo ella, de que me agarre una tarde de domingo en la que no haya nada más que hacer que desearnos. Alguien con quien todos los planes sean buenos, con quien no importe salir a tomar algo, cenar, contemplar las estrellas en silencio una noche de verano, llegar a la playa de noche para ver el reflejo de la Luna, o simplemente quedarnos acaramelados viendo un tostón de documental en Netflix hasta quedar dormidos juntos y en paz. En definitiva, alguien que esté ahí, que ya no es otra persona porque es una parte más de ti y que lo será para siempre.
Y todo ese paquete es tan difícil, pero tan sumamente difícil que hay personas que nunca llegan. En casi 43 años solamente lo he vivido en una única ocasión, durante el verano pasado, el mejor verano de mi vida sin dudarlo. Un tiempo y un verano que viviría una y un millón de veces más sin agotarme por ello.
¿Y que hace uno ante estas paradojas y contradicciones? Pues valorar y decidir si vale la pena. Hacer lo que se quiere y lo que cree correcto, enviar las luces rojas a la mierda, sudar de comentarios externos, valorar lo realmente esencial, soltar orgullos y miedos, aferrarse para superar la fase 2 a cualquier precio y en la situación que sea. Luchar con todo y contra todo por un todo o una nada de la que ya vinimos y a la que ya no podemos volver porque nada de esa nada volverá a ser igual tras haberse conocido.
Unos dicen que el tiempo pone las cosas en su sitio. Algunos que si el destino es caprichoso. Otros dicen que la ausencia de noticias es buena noticia. Existen también quienes dicen que lo bonito sale fácil, pero todos sabemos que lo bueno en la vida nadie lo regala. Los adictos al deporte dicen que No Pain, no gain. ¿A quien hacemos caso? A nosotros mismos SIEMPRE.




Comentarios