Los Martes y la Navidad
- Tico

- 17 dic 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 13 ene 2020
Todos tenemos siempre alguna razón por la que las cosas nos gustan o no nos gustan, o ambas cosas a la vez porque muchas veces las personas somos complejas y otras veces nos complicamos sólitos... Pues sin más dilación ésta va a ser mi historia de los martes y las Navidades.
La historia comienza con una contradicción, en realidad no odio ni los martes ni las Navidades pero digamos que no son como me gustaría que fueran.
Los martes no me gustan porque son justo el segundo día tras el fin de semana, segundo día de trabajo y primer día sin historias emocionantes que contar, por contra aún queda muy lejos el siguiente finde con lo cual me encuentro apenas a los pies de la puñetera montaña tras haber llegado el lunes y haber montado el campamento base. Justo en el momento ese en el que todos nos preguntamos...será necesario?
Si a ese martes le añadimos el mal tiempo invernal (y no digo infernal por el frió de las narices), un bajo estado de ánimo y los puñeteros anuncios navideños de paz, amor y el plus para el salón. Pues vamos ya muero un poco de asco hasta el miércoles.
Y esto me ha llevado a las Navidades, no soy el Grinch de la Navidad y de ahí la contradicción. De hecho me encantan, montaría el árbol, pondría luces (el belén o nacimiento igual ya es pasarse). Recuerdo con ternura aquellos momentos de mi infancia con mi madre haciéndolo. Lo único que ocurre es que al hacerlo saca a relucir justo de lo que carezco, me falta esa única persona que amo con locura, esas personitas que no te dejan respirar ni un segundo pidiendo regalos y que les dediques tiempo. Me falta con quien compartirlo, me falta ese motor para ir como todo el mundo al Corte Ingles a comprar los regalos. Todo eso junto me entristece mucho.
Os preguntareis por la familia, bueno pues somos únicamente 2, mi madre y yo, y creo que como a los 2 nos entristece pues optamos por no hacer nada o hacer lo mismo que haríamos un sencillo 21 de febrero.
Y los amigos? pues con sus familias comiendo, bebiendo, riendo, algunos enfrascados en la típica discusión con cuñados, padres y primos por mezclar religión y política en la mesa (advierto que eso no se debe hacer).
Así que mis Navidades son una re-mezcla emocional entre lo que deseo hacer y lo que por narices me toca hacer.
Para colmo, Navidades...Sales a pasear por la ciudad y las familias disfrutando de la iluminación, del mercadillo navideño, de la feria...Los enamorados besándose y deseándose en la plaza, en el parque, en el restaurante. Me alegro infinitamente por ellos y ojalá lo sigan haciendo toda la vida.
Y ahí estoy yo completamente solo, en martes de Navidades, con 13 capas de abrigo que nada hacen contra la humedad de la costa, veo el vaho saliendo de mi boca junto con el humo de un cigarrillo que nada bueno me aporta aparte de calmar un poco la ansiedad, una bufanda de lana regalo de mami la Navidad pasada y un estúpido gorro que me aplasta el poco cabello que tengo. Ahí voy yendo a algún lugar que en ningún momento va a parecerse ni de lejos al lugar donde me gustaría estar llegando.
Así que espero con ansias que llegue ya el 7 de enero. Aún así:
FELIZ NAVIDAD A TODOS Y PROSPERO AÑO NUEVO!!!




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