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Todos los tontos tienen suerte

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 3 feb 2020
  • 3 Min. de lectura

La entrada de hoy es como poco marciana, confieso que este primer párrafo incluso lo he añadido al final, porque lo que debía ser una crítica a un hecho esperemos puntual que me desagrada increíblemente y que nada tiene que ver conmigo ha desencadenado poco a poco conforme me iba enfadando en un entristecimiento personal por otras razones totalmente distintas y que hoy desencadenará en un viaje que hace muchísimo tiempo que no hacía y me apetece mucho.


Comenzando, éste fin de semana ya lo que me faltaba, me quedé horrorizado viendo a ese padre en el partido de fútbol de su hijo de 11 años alentando la violencia…Ufff vaya valores los de hoy en día.


Se supone que el deporte forma parte de las actividades extra escolares de los niños, se supone que complementan su formación y que a través del juego y la diversión los niños deben aprender y asumir otras habilidades para su futuro.


A través del deporte los niños aprenden lo competitivo q es el mundo en el que vivimos, pero también descubren el compañerismo, el formar parte de un grupo, aprenden a esforzarse por un objetivo ya sea individual o colectivo, aprenden a perseguir sus sueños (pero cuidado tienen que ser los de los críos no los de los padres), también deberían aprender lo que es el juego limpio, la cooperación, la honestidad, que el ganar no es todo si no se hace correctamente, y que todo no vale.


Pues el malnacido no tiene ni idea de deporte, de la vida ni de nada. Seguramente es un puñetero amargado, ignorante que paga sus propias frustraciones con su propio hijo, espero que al chaval que no tiene culpa alguna no le queden secuelas psicológicas por culpa del subnormal de su padre.


Desgraciadamente no existen licencias para ser padre, pero vamos ese tío no es que se la debieran retirar inmediatamente, es que, si existieran jamás la debía haber obtenido. No voy a comentar sus palabras extra violentas porque paso de mancharme las manos con semejantes aberraciones y para eso ya está el vídeo.


La verdad es que me entristece y me pongo de muy mala ostia, pero mucho, esas cosas me enferman y esto podría seguir perfectamente a la entrada de "hasta los huevos". La verdad es que tal y como me siento me viene a la mente la frase de “Si los hijos de puta volaran jamás veríamos el Sol”.


Como ya sabéis quienes habéis leído otras entradas, no tengo hijos y me hubiera gustado al menos tener uno. Luego ves a padres así, padres que educan así, y te cagas en la madre que pario a más de uno y de dos…Como dice el título: “Todos los tontos tienen suerte”.


Los que ya me conocéis algo seguramente intuis que hoy no es uno de esos días geniales (ahora a huevos, porque he cambiado el primer párrafo) ¿Por qué? Pues es difícil de contestar, se junta todo y nada al mismo tiempo, fin de semana intenso, un poco estresante con un sin parar continuo de hacer cosas, falta de sueño, comunicaciones agotadoras de temas muy antiguos y ya más que superados, noticias como la del subnormal de antes, el Brexit, y sobre todo la soledad que no la paz en días como hoy, mirar atrás y darte cuenta de todo lo que te falta, sentir frustración, pesar, mucho pesar… Menos mal que es lunes (si llega a ser martes y Navidad pufff).


Hoy es de esos días como alguno de hace ya unos cuantos años, de esos días que apetece llenar el depósito y tirar millas, poner la lista de canciones tristes y tirar y tirar… Carretera y manta.


¿A dónde? Pues no lo sé, apetece una carretera de montaña solitaria y perdida en nuestra geografía, sin cobertura de ningún tipo, con niebla, tapada por frondosos árboles y húmeda, cuanto más húmeda mejor… Concentrarse en una sola cosa sin pensar en absolutamente nada más, concentrarse exclusivamente en llegar a cualquier otra parte como dice la canción de Dorian, tirar y tirar en todos los aspectos, meterse en el túnel cerebral que tus 5 sentidos te proporcionan para protegerte de ti mismo y mimetizarse con la máquina.


Parar al llegar, sentir que el frío es lo único que te abraza, fumar un cigarro con la única luz que que te proporciona el reflejo en unas piedras que el coche todavía caliente ilumina, ver como tu aliento se confunde con el humo y respirar, respirar profundamente en silencio, llorar, pero no como se suele decir, no como un bebe por rabia o necesidad, llorar desangelado como un adulto al que en esos instantes nada le puede consolar, sacar todo el peso de la espalda, de los hombros y sobretodo de la cabeza, sacarlo fuera y seguir llorando.


¿Y luego? Pues luego de momento me conformo con saber volver…



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