120 x 120
- Tico

- 9 feb 2021
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 10 feb 2021
Era un domingo de otoño, de esos domingos con muy poco tráfico, tan poco, que daba la sensación de estar conduciendo durante el Apocalipsis de Mad Max. Yo venía de pasar el finde con una gran amiga, por aquel entonces ya no éramos pareja, aunque aquí si os reconoceré que yo ya estaba más que coladisímo por ella, incluso más que cuando si éramos algo.
La verdad es que no sé qué coño hice para gustarle la primera vez, ni como me lo monté. Pero después todo, ya todo lo que hacía era más bien inútil y no encontraba la manera de ganar tiempo ni de recortar el espacio. Siempre soy de los que voy adelantando a todo Cristo viviente para llegar al sitio, pero en éste caso concreto cuanto más acelerador metía menos avanzaba y todo dios me adelantaba riéndose como Nelson en los Simpson. En fin no os daré el peñazo con eso, el tiempo dirá y decidirá, que la frase de que: “Donde hubo fuego quedan siempre brasas” la compruebo todas las mañanas cuando saco la puñetera ceniza de la chimenea.
Deciros que aquel finde había ido bien, un finde relajado en casa, viendo películas, arreglando cuatro cosas y charlando relajadamente de nosotros, de las familias, de trabajo y de todo lo que se nos ocurría. Por supuesto que tuvimos sexo, que esperabais que pasara si juntáis chispa y pólvora. Pero mi apetito sexual cada vez en lugar de acomodarse e ir a menos va a más, es voraz y me basta verla para desearla. No penséis cochinadas que luego vendrán, de verdad que se puede desear a alguien así, como el hambriento la comida, como el sediento el agua, como el yonki la heroína, como el tacaño adora al becerro de oro y como el preso ansia la libertad. No es un deseo exclusivamente sexual, es mucho más, la veo y me la como, no para follar y listo, deseo hacerle el amor que, aunque suene mega cursi es muy distinto, no os lo podéis ni imaginar.
Asi que el domingo a pesar del mañanero, me supo a poco y me quedé más caliente que la pipa de un indio, como un reactor nuclear si le quitas las barras de Boro, pero por temas de horarios y agendas tuve que regresar y mi gozo quedo en un pozo, me quede sin un rapidito y sin un lentito.
Y ahí iba yo en la carretera, completamente solo y muy caliente, acababa de salir de las nieblas perpetuas y divisaba el mar en el horizonte, escuchando al Orozco (lo que tú quieras soy) en EUROPA FM que ya sabemos que los domingos en la mañana están un poco más melosillos. Al mismo tiempo que iba concentrado conduciendo sentía ese maravilloso hormigueo entre las piernas. Ese hormigueo que siento cuando beso, ese hormigueo de adolescente virgen que aparece cuando siento sus labios. El bulto en mis rotos vaqueros azules era más que evidente y en cuanto pasé el peaje de entrada al último tramo de autopista y puse el control de crucero, no pude evitar dar un tirón y soltar los 4 botones de mis pantalones y que fuera el carro por el pedregal...
Primero de forma discreta fui palpándome, frotándome y acariciándome por encima de los calzoncillos floreados de color tinto turbio sin filtrar. Recordaba las fotos que me había pasado la última media hora estando juntos mientras coqueteábamos con el Snapchat, recordaba esas braguitas color fucsia, ese delicioso trasero no muy grande pero bien marcadito, recordaba ese conjunto de mini-bikini color camel con su tanguita a juego y esos redondos y deliciosos pechos con esa peca que se me antoja infinitamente sensual…madre mía como deseaba tenerla a mi lado y parar en cualquier área de servicio para arrancarle la ropa y comérmela en el sentido más diabólico de la palabra comer.
Poco a poco fui imaginando que la tenía al lado y me liberé por completo de la ya también presión de los calzoncillos de las narices y comencé a masajearme imaginando que ella con su travesura innata estaba al lado haciendo lo mismo. Rápidamente aumente mi ritmo cardiaco, mis pulsaciones, el riego sanguíneo y también el grosor…no podía más asi que la llame para compartir con ella lo que me estaba pasando, sé que alucino en colores, no daba crédito, pero también sé que le gusto que pasara y se le dibujo la sonrisa picarona que tanto me fascina y que no está al alcance de todo el mundo conocer.
El ritmo de mi masaje solamente era interrumpido inicialmente cuando me acercaba a algun camión, en aquellos momentos aún mantenía un poco de decoro, vergüenza y apuro. Al rato ya el calentón, las hormonas, el deseo hacían que me diera absolutamente igual que algún camionero o camionera me viera desde arriba dándome zambomba de la buena…Q excitante, creo que no he estado más excitado en la vida, jamás había visto algo asi pegado a mi cuerpo. Y ahí seguía yo imaginándola, imaginándola en su bikini con el cinturón de seguridad atravesado entre sus respingones pechos, imaginándola liberándose del cinturón y agachándose hasta mi entrepierna, imaginando sus deliciosos labios devorando ese apéndice que de repente se había desarrollado por arte de magia, más que la varita de Harry Potter parecía un as de bastos. Imaginándola apartándose el tanguita y masturbándose mientras me comía con ganas, con satisfacción, con calentura y devoción. Imaginándome con una mano en el volante y la otra sobando su cabello, su espalda y un poco más abajo…
Imaginando y sintiendo su cabeza, su fabuloso moño subir y bajar entre mi cuerpo y el volante, mientras yo miro de reojo el movimiento de sus dedos y como se frota sus húmedos labios vaginales, mientras veo como está de caliente, como está mojando la tapicería. Imagino como nos observan los coches que adelantamos, la imagino haciendo sonidos de placer con su boca completamente llena, la imagino corriéndose…justo en ese momento no puedo resistirlo más y lo que ya no es imaginación explota, mi mirada se pierde por unos segundos, una enorme sonrisa ilumina mi cara, la babita me cae y me lleno la camiseta, salpico los pantalones, los calzoncillos, la tapicería y el bien llamado salpicadero de una especie de gel blanquecino y muy viscoso…
Pienso en ello muchas veces y todavía siento el hormigueo, los espasmos de aquella tarde, la liberación de la presión. La satisfacción y las ganas… que extraña sensación, cuanta más satisfacción mucho más deseo, mucho más morbo y mucho más atrevimiento. Toda una combinación que se me antoja como poco más que irresistible.
Y así iba yo, camino de casa, durante 120 km de entretenimiento en solitario a diremos 120 km/h.




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