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La Sirenita del Gurugú

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 14 jun 2024
  • 7 Min. de lectura

Eran comienzos del verano, de esos días largos de junio en los que tras la merecida siesta apetece y mucho un rato de playa tras haber superado el intranscendente invierno y su anodina primavera. Y así soy yo, fascinado por el verano, el mar y la playa. Como el camino se demuestra andando ahí voy yo al típico chiringuito playero de ambiente relajado, paz y amor, envuelto todo a compases de música reggae.


Se trata de una tarde de calor agobiante pero nublada como la mayoría de las tardes de verano en las que el bochorno, la humedad te sofocan y te asfixian. Donde la única solución es ir a darse un baño por mucho que aquella tarde amenazara tormenta y existían serias nubes de evolución, si llueve la dejaremos caer, pero yo quiero mi baño con salitre.


Llego al chiringuito con mis chanclas de gancho, mi bañador holgado de palmeritas hawaianas, una camiseta de tirantes gris con más lavados que los uniformes de Alcatraz y una toalla big size sobre los hombros. Ya os habréis dado cuenta que lo mío no es aparentar, y que me da absolutamente igual lucirme que no lucirme.


El calor, maldito calor, pero bueno no vale quejarse, quien no quiera polvo que no vaya a la era. Pero que calor más asfixiante y se me está secando la garganta, necesito una cerveza fría con su deliciosa espuma y en su vaso sudado, mirad, tal y como la describe Victor Küppers en sus clases sobre la actitud.  


Yo y mi cerveza, mi cerveza y yo, como queráis, tanto monta monta tanto. Pues ahí vamos los dos a sentarnos a una tumbona de tela de sky rojo Burdeos bajo una sombrilla de hojas de palma. Qué barbaridad como quema y como se pega el sky en las pantorrillas, pero a pesar de esa quemazón la sensación en aquel momento es de encontrarme en el paraíso comparado con el ambiente en casa. Así que me relajo, enciendo un cigarrillo y comienzo a saborear mi cerveza, no podía imaginar que la tarde todavía mejoraría más.


En ese preciso instante una preciosa y esbelta figura cual la sirenita de Copenhague de piel tan fina como pálida, con el cabello dorado recogido en un bonito moño cortito y un cuerpo de infarto con unas medidas que a mí me parecen fabulosas, vestida con un conjunto de tanguita de cintura alta y un pequeño bikini rojo pasión. Se acerca hacia mí con sus ojos cristalinos como caramelos de menta y sus largas y finas piernas para pedirme fuego al tiempo que me pregunta si estoy solo.


Os reconozco que ya me había fijado en ella bajando las escaleras del paseo que dan acceso a la arena, pero jamás me hubiera imaginado tener tan siquiera una mínima comunicación con ella, esas sensaciones que tenemos muchas veces los hombres y que si es cierto que vemos y miramos, pero descartamos porque simplemente nos auto convencemos de que estamos en ligas muy inferiores y pasamos completamente.


Hecho este inciso, sin buscarlo ni esperarlo aquí la tengo delante con su cuerpo escultural, sus brazos y sus hombros finitos, sus finas y largas piernas, ataviada con una tanguita roja que se adapta perfectamente a su cintura y a su trasero poco voluminoso pero perfectamente formado y que hace emanar unas irresistibles ganas de sobarlo, acariciarlo y comerlo todo el tiempo. Con su pequeño bikini de triángulos rojos cubriendo su pequeño pero precioso pecho, supongo que ventajas de ser pequeño, pero está perfecto como esta, parece una princesita de cuento con un cuerpazo perfectamente conservado.


Me paso un breve instante observándola sentada en la tumbona ocre que tengo frente a mi completamente enmudecido. Ella lo percibe, me mira, se enrojece, con un gesto altivo se retoca el moño y sin poder evitarlo me devuelve la mirada. Rompemos el silencio incómodo y comenzamos a conversar. Una anodina conversación entre dos desconocidos sobre el calor, las nubes, la playa, etc… En un momento dado ella recalca el moreno de mi piel, ya os confirmo que es más bien un tono rojizo chamuscado a lo Hellboy, al tiempo que yo resalto su tipazo, lo bien que le sienta, lo mucho que me gusta ese bikini y que llevo observándola desde que he llegado. Ella se sonroja, pero puedo intuir que no se siente para nada incomoda y poco a poco la conversación de está volviendo más relajada, distendida y si, también, un poco pícara y traviesa.


Poco a poco voy fijándome más y más en los pequeños detalles como su pequeño tatuaje y comienzo a observarla con más atracción, deseo y ya os digo que varios puntos de morbo de más, ella sigue dándose cuenta de todo, pero no realiza ningún ademan de sentirse mínimamente molesta por la situación, el calor ya no sé si es solamente el exterior y se me está subiendo a la cabeza, necesito tomarme un respiro e ir a la barra a por otra ronda de cervezas.


Vuelvo más sosegado cargando las dos cervezas bien frías, esa calma intuyo que va a durarme muy poco. Al llegar la encuentro tumbada boca abajo con el bikini desabrochado, las piernas ligeramente abiertas y el tanga escondido entre sus perfectas nalgas solamente tapando y marcando su íntimo tesoro. Que recalentón más dulce, necesito darme un baño entre otras cosas que me reprimo contarlas de momento.


Me acuesto justo al lado boca abajo también, nos miramos y ya no podemos resistir besarnos, siento mi entrepierna presionada y apretada contra el sky de la tumbona, besándonos la boca, comiéndonos la boca, entrelazando nuestras lenguas, suspirando, ambos necesitamos darnos ese baño. Sus pezones duros y libres de la poca tela que los cubría, son preciosos, pequeños puntos rosaditos como dos dedales coronado sus pequeños y bellos pechos perfectamente formados.


Nos levantamos y nos dirigimos al agua, yo con mi bañador que con suerte disimula mi bulto y ella ya con solamente la tanguita roja, me quedo un poquito detrás deleitándome de su finura, su esbelta espalda, de la perfecta forma de sus hombros, de su cabecita con el divertido moñito, y de ese culo que ardo en deseos poracariciarlo. Caminando se me escapan mis pensamientos, mis ideas y con un eres preciosa basta para volver a sonrojarla y hacerla sonreír otra vez.


Entramos en el agua y llevo un recalentón que ni el frio del agua a estas alturas del año siento, de repente una ola traicionera me golpea empapando completamente el bañador, mi abdomen de bote de Nutela y salpicándome de agua con mucho salitre la cara, ella precavida se había puesto de lado y comienza a reírse porque mi antes holgado bañador se acaba de quedar completamente ceñido a mi piel y resulta imposible disimular nada lo que hace que con picardía, descaro y absoluta claridad diga un “me gusta lo que veo”.


Sin más palabras nos medió sumergimos y agarrándola por su fina cintura comenzamos a besarnos apasionadamente, despacio, disfrutándonos, disfrutando de ese beso. Nuestras lenguas se abrazan dentro de nuestras bocas mientras volvemos a comernos uno al otro de nuevo. Sus manos se posan sobre mis hombros y sus húmedos y duros pezones se frotan contra mi pecho solamente interrumpidos lentamente con la llegada de cada una de las olas.


Con mucha delicadeza y sensibilidad su mano izquierda recorre mi pecho, mi costado, mis costillas, llegando hasta la goma de mi bañador. Con fuerza comienza a tirar de él hacia abajo hasta dejarlo colgando de mis muslos justo por debajo de los cachetes de mis nalgas ahora desnudas bajo las aguas cristalinas del mar.


Con mucha delicadez, mientras los dos tenemos nuestras miradas clavadas en los ojos del otro, sus manos comienzan a acariciarme de dentro a fuera mi miembro que comienza a ponerse muy firme. Mis manos y mis dedos ya hace unos segundos que están sobando su trasero y jugando con el misterio que esconde ese bonito tanga. No puedo esperar más, me comen las ganas de estar unidos y estar dentro de ella. En un movimiento sincronizado, mis dedos tiran del tanga hacia un lado mientras agarrándola de sus preciosas nalgas la levanto lo justo para dejarla caer con una precisión quirúrgica. Su entrada húmeda y dilatada no supone ninguna resistencia y con sensaciones indescriptibles comienzo a sentir su estrechez, su humedad cálida, abro más y más sus nalgas y entro más y más adentro entre cada ola que viene y va y cada gemido que escucho y que emito. Estoy entrando y saliendo, estamos gozando, tratamos de disimular lo indisimulable, cada vez más duro, cada vez más profundo, cada vez más apretado. Los gemidos aumentan de intensidad y de repente la presión de su secreto se dispara al tiempo que un chorro viscoso y caliente recorre mis genitales mientras ella mordisquea mis orejas y mi cuello, necesito mucho más, quiero mucho más.


Le doy la vuelta y me pongo justo detrás de ella mirando a hacia la playa, disfrutando del atardecer y tratando de controlar si alguien nos observa. Vuelvo a recorrer el tanga y bajando un poco vuelvo a introducirme dentro de ella, agarrándola por la cintura comenzamos un lento, caliente, morboso y excitante vaivén. Nos trae sin cuidado si alguien nos ve, disfruto viendo su trasero y gozo viéndome entrar y salir a través de las aguas cristalinas. Que preciosas caderas, que precioso, pequeño, coqueto culo con el tanga completamente ladeado y yo abriéndolo con mis manos mientras mi cuerpo se funde con el suyo y desaparece dentro de ella.


Ella junta sus piernas, sintiéndola todavía más y más apretada, yo más duro y apunto de entrar en éxtasis, ella también se mueve hacia mí, está gozando y mientras gime me pide q me corra dentro, es oírlo y no aguanto más, lo suelto todo mientras sigo bombeando con fuerza. Siento como ella me agarra fuerte de mis muñecas justo cuando sus piernas comienzan a temblar.

La abrazo desde atrás, estando todavía dentro de ella, beso su cuello, beso sus mejillas y le digo: “tenemos que continuar en casa o de camino a casa”. Ella me mira con deseo y picardía, asintiendo con la mirada tan agotada como caliente. Continuara…



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