Primavera, la sangre altera...
- Tico

- 26 ene 2023
- 4 Min. de lectura
Una mañana soleada de primavera, con el sol de la mañana traspasando las cortinas de la habitación, se oyen los pajarillos cantar y revolotear por la terraza, un ligero aroma a lavanda natural emana desde el ramo depositado en un antiguo farol de vidrio que se encuentra junto al lavabo. Únicamente una suave sabana de algodón blanco cubriéndonos ya que durante la noche el nórdico ha terminado medio enrollado a nuestros pies.U
Abro los ojos y te veo a mi lado, de espaldas, agarrando la almohada con tus bracitos, con ese precioso moño cobrizo, te ves absolutamente preciosa. Sigilosamente, no puedo resistirme a levantar levemente la sabana y gozar de la vista de tu cuerpo, tu espalda, tu piel. Tan solo vestida con unas preciosas braguitas azul marino de algodón que me dejan disfrutar de tus largas y estilizadas piernas y de tus magnificas caderas por las que enloquezco.
Unos dirán que son causas fisiológicas, para nada. Estoy gozando, disfrutando de lo que tengo frente a mí y mi cuerpo lo sabe, no tardo en “emocionarme”. Fruto de esa emoción no tardo en alargar el brazo y mi mano derecha comienza a recorrer tu costado, pasando suavemente los dedos desde tu hombro, por tu costado, sintiendo tu piel, las costillas, descendiendo por el costado de tu abdomen, llegando a esas deliciosas caderas. Me acerco un poco más, pegando mi pecho en tu espalda y sumergiendo mi nariz y mi cara en tu nuca, justo debajo de tu pelo enmarañado mientras sigo acariciándote las piernas.
Desde donde estoy no lo puedo ver, pero te siento suspirar e imagino como una leve sonrisa cómplice se dibuja en esa bonita boca rosadita. Mis sospechas se confirman cuando con tu expresividad natural escucho un “me estas poniendo muy cachonda”. Momento en el que instintivamente beso tu cuello y contesto “quiero despertarme a tu lado todos los días de mi vida”.
Suavemente te giro hacia la derecha quedando acostada boca abajo, viendo como tus sugerentes pechos quedan aplastados contra el colchón sobresaliendo por los lados de tu espalda. Comienzo a descender por ella dando pequeños y delicados picos mientras sigo diciendo “todos los días”. Tu piel va erizándose a medida que voy cubriéndote con mis delicados piquitos y recorriéndote con mi lengua.
Voy poniéndome más y más travieso, morboso, desinhibido… caliente a resumidas cuentas. Llegando a tu precioso y perfecto culo mis dedos juguetean con la tela de las braguitas y poco a poco van acercándose a tu intimidad. Tu respiración se acelera un poco más y siento como mis dedos se contagian con tu deliciosa y húmeda esencia.
Mi ansia por descubrir hace que mis dedos agarren esas braguitas por los lados y comienzo a estirarlas, enrollándolas y quitándotelas poco a poco recorriendo tus piernas, por los muslos, por las pantorrillas y terminando por liberarte de ellas por los pies y arrojándolas sin mirar sobre el pequeño puf morado que tantos y tan divertidos recuerdos nos ha proporcionado.
Mis manos sobre tus caderas, separan con fuerza tus, para mí, preciosas nalgas. Mi nariz se clava entre ellas y mi juguetona lengua comienza a recorrer todos tus deliciosos orificios, chupando, lamiendo, besando, comiendo. Tus jugos, mi saliva, una mezcla absolutamente deliciosa que te hace suspirar y entre balbuceos escucho como me dices “métemela ya, follame, te quiero dentro”.
Colocándome detrás de ti, separando tus nalgas pero manteniendo tus piernas juntas, comienzo a frotarla a pelo entre los jugosos labios de tu intimidad. Un leve empujoncito y muy despacio me deslizo dentro de ti al tiempo que veo como agarras con fuerza la almohada, gimes y arqueas esa espalda, mordiéndote el labio entonas un mmm.
Yo siento como cada vez estoy más y más excitado, más duro, y si también más apretado dentro de ti. Comenzamos ese baile, ese vaivén que cada vez se va acelerando más entre suspiros, gemidos, sudor, aromas sexuales y placer, mucho placer.
Apoyándote sobre tus brazos, con la espalda completamente arqueada y el trasero en pompa comienzas a gobernar tú el vaivén, yo completamente inmóvil babeando de placer mientras observo tus movimientos alternativos, veo como tu eres la que mandas, tu eres la que está controlando el ritmo. Tus precisos pechos respingones con los maravillosos pezones duros como piedras se ven genial bailando y reflejados en el espejo de cuerpo entero que existe junto a la cama, mientras te digo que “No pares, corrámonos”.
De repente, realizas un último movimiento brusco hacia atrás que te deja encastrada, agarrotada y temblando de placer. Momento en el que sientes como yo comienzo a palpitar dentro de ti. Te agarro con fuerza, gruño y comienzo a descargar mi esencia dentro de ti, no quiero salirme, tu tampoco quieres que me salga.
La tensión queda liberada, salgo mientras te das la vuelta, te miro y me miras, nos miramos los dos con esos ojos brillantes que solamente se ven con contadas personas en la vida, conexión mental, emocional y sexual diría yo. Te ríes, nos besamos apasionadamente mientras yo te acaricio todo el cuerpo.
Finalmente nos levantamos, tu corres desnuda al baño para arreglarte y limpiarte, yo me quedo viéndote como caminas, disfrutando de ti a cada segundo. Me pongo un bóxer con estampado de palmeritas, me acerco a besarte otra vez y voy a prepárate y subirte el café sin azúcar de todas las mañanas.




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