Cine
- Tico

- 5 mar 2020
- 5 Min. de lectura
Era una de esas tardes noches de primavera, una tarde normal de entre semana, la jornada iba a terminar con un pequeño paseo con el perro, una cena de campaña más bien sosa y tal vez una peli o 2 episodios de cualquier serie de Netflix. Al día siguiente tenía por delante otra jornada de trabajo, otra jornada en la que resolver todos los vasos de agua secos en los que mi jefe se ahoga día sí y día también, luego en cerveza no se ahoga el jodido.
Esa tarde recibo un mensaje de una gran amiga en el plan: ¿He tenido un día de mierda, te apetece ir al cine y nos vemos? La respuesta no se hizo esperar, por supuesto que siiii.
La recojo en su casa y nada más entrar en el coche y fumarnos el primer pitillo me comienza a contar como ha sido su día lidiando con problemas, remordimientos y algún que otro caradura…yo permanezco escuchando porque si le cuento que mi mayor problema hoy ha sido explicarle a mi jefe como adjuntar un archivo a un e-mail, pues como que igual me manda a la miércoles.
Llegamos al cine y decidimos ir a ver una peli de terror, no es que sea nuestro genero favorito, pero mientras estamos acojonados pues como que pensamos menos. Pensar no es que duela, pero sí que cansa y más cuando nuestras cabecitas trabajan tanto de día como de noche. La chica de la taquilla nos pregunta por la fila, en medio y en el centro o en la 13 y última fila…Por supuesto que la última, nosotros hemos sido de ultima siempre en el autobús, en el cole, en el instituto y hasta en la universidad.
Íbamos subiendo las escaleras buscando a oscuras nuestros asientos y hasta que te acostumbras que en cada fila de butacas hay un rellano yo parecía que era el del chiste de los cojos y la playa solo que todo a la vez, me quemaba la arena, tenía agujeros y los iba tapando…vamos que no me deje los piños de milagro. A ver, hasta aquí no mucho morbo, si no hubiera estado a oscuras habría aprovechado para mirarle el culo, pero dada la situación solo me reía de lo torpe que estaba siendo. Suerte que ni palomitas ni refresco ni nada, con dos cojones, peli a pelo…
Ya en la última fila tomamos asiento en nuestras butacas y nos pusimos cómodos, éramos los únicos en la sala asi que zapatos fuera y como si estuviéramos en el sofá de casa. Los dos repanchigados en la butaca, pero con un leve contacto hombro con hombro para poder comentar las secuencias, de esos contactos y de esas personas que te dan gustirrinin al instante y con las que te sientes muy libre y muy a gusto.
Nada más comenzar la peli, el primer sobresalto, ella me agarra de los hombros y mi mano termina en su muslo al mismo tiempo que gritamos y cerramos los ojos. Al rato estamos ambos tapándonos la cara con el jersey para no ver, pero la curiosidad nos puede y buscamos ese hueco entre los dedos para poder ver la peli. El miedo, la emoción, la curiosidad hace que nos acerquemos más y más. Prácticamente nuestras mejillas están pegadas, yo noto perfectamente como su pelo oscuro y ondulado roza mi nuca y siento la frescura de su piel y su respiración alterada por el miedo.
De repente, se oye un portazo y ambos nos miramos sorprendidos, estábamos tan cerca ya, que el roce de nuestros labios fue inevitable, al inicio como dos colegiales de instituto, como aquel famoso beso entre Lisa y Nelson en los Simpson. Poco a poco fuimos encontrándole el gusto a nuestros labios, sintiendo su textura, sentir como los míos estiraban de los suyos, notar como las respiraciones se aceleraban. Para cuando nuestras lenguas entraron en contacto, la película ya era lo de menos.
La sala era demasiado cálida, todavía más cálida que nuestros cuerpos, como ya no estábamos pendientes de la peli y no necesitábamos más nuestros jerséis. Yo llevaba una camiseta roja ajustada y ella llevaba un top negro que entallaban su precioso cuerpo y mostraba un escote de estos que te hacen perder el sentido y comenzar a salivar.
Sin dudarlo ni un segundo volví a abalanzarme sobre su boca, esta vez girándome por completo y pasando mi brazo sobre ella hasta apoyarlo en la butaca continua, el sabor de su boca era delicioso y su aroma incitaba al pecado, rápidamente comencé a recorrer sus mejillas, llegando al lóbulo de sus orejas y comencé a juguetear con ellas mientras sentía unos leves suspiros emanar de sus maravillosos labios.
Mis manos le acariciaban el contorno de su cuerpo, jugueteando con sus pechos mientras mi boca recorría su cuello, mordisqueándolo a la altura de sus clavículas y buscando sus preciosos y delicados hombros. Con un suave y preciso movimiento mis manos soltaron su sujetador y esos presionados pechos quedaron libres, sus pezones se marcaban como dos duros botones de resina en ese top y mi boca los engulle a pesar de la tela… ella no duda en estirar de su top liberando su pecho derecho, es hermoso, precioso, delicioso…rápidamente mi mano izquierda lo agarra y mi boca rodea su aureola y chupa, lo chupa como un bebe que desea amamantarse.
La mano derecha baja hasta su cintura y desabrocha los botones del vaquero negro, se introduce dentro de él y comienza a acariciar sus ingles sobre las diminutas braguitas de algodón, se sienten húmedas y calientes…mis dedos se hacen un hueco por el contorno y comienzan a acariciar los jugosos labios completamente depilados y humedecidos, recorriéndolos arriba y abajo… Escucho como me dice: “me estas poniendo a mil, voy a arrancarte esos pantalones”.
Rápidamente me empuja a mi butaca y en un mismo movimiento la encuentro arrodillada en el suelo de esa fila de asientos con sus manos estirando de mis pantalones, los botones del cierre hicieron clic, clic, clic y al bajarlos hasta mis rodillas algo salto como un resorte frente a ella que sin dudarlo abrió la boca y la engullo toda…luego siguió lamiendo el contorno, chupando y sorbiendo. Abría la boca, la engullía y yo notaba como su lengua jugueteaba con ella. Yo me estaba poniendo cardíaco y ella también porque pude ver como al mismo tiempo que su boca jugueteaba ella se había quitado los pantalones. Con una mano acariciaba sus pechos y pellizcaba esos ricos pezones, mientras con la otra por la cabeza, por ese moño oscuro y rizado empujándola hacia abajo…
Sin mediar palabra se puso de pie de espaldas, que preciosa espalda mmmm, y que culo madre mía, se apartó las braguitas y se dejó caer sobre mi cintura. Sin necesidad de mucha complicación terminamos unidos, ella con leves movimientos de cadera adelante y atrás y yo sujetándola por los enormes pechos desnudos y agarrando sus pezones. El top estaba ya a la altura de su cuello colgando cual bufanda y moviéndose al ritmo de nuestros cuerpos.
Nadie en la sala salvo nosotros dos, era una sesión totalmente privada, los fotogramas de la película se reflejaban en su cuerpo y yo solo alcanzaba a ver como su cuerpo engullía esa parte de mi cuerpo, como su culo subía y bajaba. Comienzo a notar como cada vez su suelo pélvico me comienza apretar más y el ritmo se acelera… un torrente de delicioso fluido cálido me inunda la entrepierna, mojándome los calzoncillos, la butaca, todo…y ese sonido como de caminar en chanclas ya no me deja oír la película, estoy a punto te explotar y agarrándole los pechos con fuerza termino descargando dentro de ella…las pulsaciones se relajan, el ritmo baja y ella con el pelo alborotado se queda sentada sobre mi.
Yo beso su cuello, ella está agotada y relajada…yo he pasado por del éxtasis y de la excitación a un estado de relajación catatónico. Volvemos a nuestros lugares, nos besamos con ternura y nos vestimos.
Ella me susurra al oído, hoy quédate a dormir en casa, pero quédate … No marcho le contesté.




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