top of page

El encuentro II

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 13 ene 2020
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 15 ene 2020

Tras observarla durmiendo desde la puerta de la habitación en absoluto silencio, embelesado por su belleza, por verla descansando en paz, observar la expresión de su cara, su preciosa nariz, esos labios húmedos y maravillosos que me saben a gloria cuando los beso, sus mofletes sonrosados, sus pequitas, su precioso pelo rizado recogido en un moño que acentúa su deliciosa frescura. Madre mía estoy encantado, no tengo dudas, es ella, ella es la chica que he esperado siempre, me encuentro como un idiota con una sonrisa de placer y satisfacción que me llegaba de oreja a oreja y me quedo pensativo.

Has aparecido de la nada, nunca antes habías existido para mí y ahora ya no quiero que te vayas de mi lado, no tengo ni idea como me lo montaré porque no quiero asustarte o abrumarte ya que apenas nos conocemos.

Eres tan fuerte e independiente, lo tienes todo tan organizado, que posibilidad hay de que quieras cambiar esas cosas, que quieras comprometerte conmigo, además no sé nada de tí, no sé si tienes a alguien, no sé si te ves con alguien más…Uff que lío creo que mejor no digo nada y dejo que vayas a tu aire, no preguntaré por próximas citas y dejaré que nuestras vidas sigan paralelas a ver que ocurre.

Ostras, me muero por una próxima cita contigo, pero pienso que si te presiono tal vez te asustes y ya no vengas más y no pienso correr con ese riesgo. Tengo la sensación de que en otras vidas ya hemos estado juntos, me eres tan familiar y no estoy lo suficientemente fuerte como para perderte en esta vida. Prefiero poco contigo que mucho con otras y si eso significa jamás comprometerme con nadie pues es lo que haré y punto. Toca dejar de divagar y acostarme, afortunadamente hoy a tu lado, iré haciendo mi vida hasta que sea el momento.


Me acuesto junto a ti y claro, adopto la postura que más me relaja y que más me gusta, a tu espalda con mi brazo izquierdo abrazándote y mi gran mano agarrando tu precioso, suave y respingón pecho derecho. Tú lo notas, veo cómo te sonríes sin despertarte y te acurrucas más contra mí en postura de cucharita. Nos quedamos dormidos.


No sé ni cuantas horas más tarde, porque la verdad es que contigo pierdo la noción del tiempo y del espacio haciendo cualquier cosa, cuando éstas todo va a una velocidad acelerada y cuando no todo va a una distinta infinitamente y horriblemente mucho más lenta, me despierto un poco y aún con las legañas y el pelo a su bola veo que estas a mi lado totalmente desnuda, me pones súper caliente y mis dedos comienzan a hacer círculos alrededor de tu pezón, te das la vuelta y me miras con esos preciosos ojos que hacen chiribitas, nos besamos tímidamente para luego darnos un largo y profundo morreo donde tu lengua y mi lengua se cruzan infinidad de veces…


Comienzo a recorrer tus mejillas y alcanzo tu oreja, me como esa preciosa oreja y siento como suspiras, poco a poco bajo por tu cuello saboreando y oliendo ese fresco y dulce perfume de Estée Lauder que tanto me marcó al conocerte y con el que como dice Sabina en su canción “Y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño”. De tus preciosos hombros y tus clavículas diseñadas por el mismísimo Miguel Ángel alcanzo tus preciosos pechos, con esos dos soles que tienes como pezones y que son un imán para mi boca, inútilmente intento meterlos enteros en mi boca, pero me es imposible así que decido comenzar a hacer círculos con la lengua alrededor de los pezones, derecho, izquierdo, otra vez derecho, me gustaría chuparlos y morderlos a la vez pero yo tengo una boca y tu dos ricos pezones así que a lo loco, lo hago como puedo pero no podría estar en un lugar mejor.


Te agarro de las nalgas, justo de esa parte donde esas estilizadas piernas se curvan y comienza ese precioso culo que tienes, y te coloco encima de mí. Nuestras piernas se entrecruzan y comienzas a frotarte, al principio la sensación es un tanto incomoda porque el hueso de tu cadera choca con el mío, pero me muevo un poco y el pequeño dolor desaparece. Me fijo en tu cara desencajada de placer, mordiéndote el labio, tus ojos abiertos por completo, tu ceño fruncido del esfuerzo, justo esa mezcla tan excitante de esfuerzo, placer, calor, sudor, sonidos, alientos...


No lo soporto más, quiero estar dentro de ti de una vez. Suelto los pechos que estaba manoseando y que ahora tengo sobre mi cara para volver a agarrar esas piernas perfectas con la separación ideal (esa entre los muslos en la que cabe un paquete de tabaco), esta vez si te coloco encima de donde no debes bajarte, sin dificultad me deslizo dentro de ti y comienzas un leve bamboleo con tus caderas, apretándome, excitándome más, justo en ese punto donde existe mayor fricción. Tú te recuestas sobre mi hombro derechos dejándome ver como tu espalda se arquea y tu precioso culo sube y baja a un ritmo constante y coordinado con todo tu cuerpo, tus caderas, tu abdomen. No resisto la tentación de darte bofetadas en esas nalgas mmmm.

Me estás poniendo durísimo, estoy excitadísimo y tú también estas excitadísima, nuestras respiraciones se aceleran, ya no sé si suspiramos, gemimos tampoco estoy para pensarlo… te siento temblar y noto como mis genitales se humedecen con un líquido caliente y viscoso, eso me excita hasta el límite, no creo que aguante más, finalmente comienzo a palpitar y te lleno una vez, dos veces y hasta tres veces, no paro de temblar, justo ese momento que no sabes si las corrientes eléctricas te proporcionan dolor o placer, no quiero parar y seguimos hasta que físicamente es imposible.


Nos abrazamos estando unidos como dos perritos enganchados, nos volvemos a besar, nos fundimos en un beso infinito, sin decirnos nada y sin precio acuerdo, los dos miramos por la ventana y se ha hecho de día, el sol entra con fuerza a través de las cortinas…nos miramos y te dejas caer sobre mí, sobre mi pecho, nos quedamos un buen rato en silencio.


Continuara…




Comentarios


Post: Blog2_Post

EL DILEMA DE APOPHIS

© 2023 por Vicent Garcés. Creada con Wix.com

bottom of page