El Festival
- Tico

- 20 ago 2020
- 6 Min. de lectura
Era una noche de festival, de esos festivales musicales veraniegos de los que existen por toda la geografía española. El cartel era bastante nutrido con una interprete novel de fama mundial, un artista revelación y un buen conjunto de DJ que amenizaban las carpas.
Aparcamos un poco lejos tras recorrer una bonita pero tortuosa carretera de montaña para evitar el clásico atasco de la carretera principal. Recuerdo como en aquella estrecha carretera de montaña entre pinos y acantilados con vistas al mar, de repente aparece ante nosotros una visión un tanto fantasmagórica, una mujer vestida completamente de blanco en una curva…Por suerte para nosotros y decepción para Iker Jimenez era simplemente una monjita del convento aledaño, a la pobre ya se le quedo el título de “monja de la curva”.
Por fin en el festival, empezamos tomándonos unas cervecitas para luego tomarnos los chupitos de canela como si fueran el enemigo mientras esperábamos el plato fuerte de la noche. Fue una noche un tanto extraña, ella estaba con una amiga y yo con unos amigos, pareció que hubiéramos estado la noche sin encontrarnos dando vueltas por el recinto entendiendo a nuestros respectivos colegas.
Como con una hora de retraso por fin la artista fuerte de la noche salió al escenario, no creáis que era una artista top, era una de esas artistas que saca el club Disney y que pegan el pelotazo un verano y ya…
El concierto era un absoluto peñazo, sospechamos incluso que existía eso que llamamos playback. La amiga estaba gozando de la artista, yo estaba más aburrido que una ostra y por lo poco que te conocía suponía que tú también. Allí estábamos, en cuarta fila, rodeados de gente por todos lados y de repente empecé a ponerme noño.
Yo estaba colocado justo detrás, abrazándote, y poco a poco fui haciéndome un hueco entre tu pelo para poder llegar hasta tu delicioso cuello y tus maravillosos hombros. Moviste tu cabeza dejándome vía libre y me miraste…nuestros labios se fundieron en un beso interminable, un beso de esos suaves, de esos que sientes los jugosos y carnosos labios. Un beso de esos que se puede denominar beso, de los que se inmortalizan en cuadros y fotografías, un beso que emana la energía suficiente para que nuestros pies leviten. Un beso que luego te hace pensar que malos han sido todos los demás, como dice Sabina “un beso que todos los demás te envenenan”, un beso que aparece sin buscar pero que estas envenenado y condenado por volverlo a sentir.
No soy de los que se quedan catatónicos e inmóviles besando, tengo que hacer algo, mi cuerpo debe expresarse, ya no es que mi boca se fundiera con la tuya, sino que mi boca literalmente estaba devorando la tuya, recorriendo esa delicada frontera entre morder y besar, pero comiéndote la boca, las mejillas, chupando esa preciosa comisura…
Mis manos van recorriendo tu cintura y bajando un poco más de la cintura, recorriendo y hurgando entre todos los bolsillos de tus preciosos jeans cortos, de esos pantaloncitos que dejan ver tus maravillosos muslos, que marcan tu preciosa cadera. Nos miramos fijamente a los ojos, con los ojos abiertos por completo y con un brillo equivalente al brillo de Júpiter en los amaneceres de otoño. Ese brillo que marca cuando la conexión es completa, cósmica y eterna.
La amiga nos llama y ambos tratamos sin éxito de disimular el recalentón, ya no recuerdo ni porque era la llamada, seguramente para adular alguna de las facetas de la cantante a la que los dos al unísono contestamos…si, si…pero ni caso.
En cuanto la amiga volvió a despistarse con el concierto, yo ya no pude contenerme más, el recalentón que llevaba hacia que estuviera fuera de mí y me daba igual tener 300 personas alrededor, de los cuales entre 8 o 13 estaban literalmente vibrando y saltando justo a nuestro lado ignorando lo que nos estaba pasando.
Me pegue por completo a tu espalda y mis manos se metieron en los diminutos bolsillos delanteros de tus pantalones, con los dedos me costaba pero masajeaba justo ese punto donde el forro del bolsillo se encuentra con el borde de las braguitas, ese punto de la ingle en el que quieres llegar pero no puedes…Tu estiras el brazo hacia atrás y comienzas a pasar la mano despacio pero constante sobre mi bragueta, dios mío como se siente, un hormigueo eléctrico me recorre, algo comienza a hincharse, sé que lo notas, sé que te gusta y sé que estás tan caliente como yo, tengo carta blanca para hacer lo que quiera y pienso hacerlo.
Mi mano derecha ya no quiere más tela, se descara, sale del bolsillo y se mete dentro del pantalón, tú lo quieres, contienes la respiración un segundo para permitir que mi mano acceda entre el pantalón y tu abdomen. Ufff, mi dedo índice y pulgar apartan la tanguita de algodón y con el dedo corazón comienzo a recorrer la húmeda y deliciosa rajita. Te recuestas un poco más sobre mí y tu mano va poco a poco aumentando el ritmo y cerrándose cada vez que me frota sobre el pantalón. Escucho tus pequeños suspiros y te digo vámonos, quiero sentirme dentro de tí.
Tras comentarle a la amiga que te encontrabas un poco mal y que yo te acompañaba, salimos de la multitud cogidos de la mano y con una sonrisa pícara de felicidad que nos hacía cómplices y confidentes de lo que íbamos a hacer.
En cualquier otra ocasión, hubiera sido muy morboso meterse rápidamente en un lugar oscuro y sucio como podría ser un policlean, pero la situación era demasiado bonita como para estropearla en un rapidito rodeados de mugre. Salimos del recinto comiéndonos a besos a cada minuto, creo que recorrer escasos 300m pudo costarnos una media hora, pero valió la pena.
Recordé un lugar de la época cuando trabajaba allí vigilando, existe un pequeño barranquito muy íntimo entre los aparcamientos del festival, salte el pequeño talud y te ayude a bajar. Allí mismo había una gran piedra redonda de esas que la escorrentía deja en medio del lecho, allí bajo unos pinos escuchando la música de fondo y algunas voces de los borrachos que pasaban por el parking, allí bajo la luz de la luna llena y las estrellas de esa noche de verano.
Te tumbe sobre la roca frente a mí, desabroche y estiré esos pantaloncitos sacando de un tirón los pantalones y el tanga. Frente a mí, tú, con las piernas abiertas, con esa mirada picara y mordiéndote el labio, con un top en V de tirantes blanco y rayas azules muy marinero.
No sé si es de románticos o de salidos sin remedio y sin cura como yo, pero la luz de la luna producía un reflejo con la humedad que emanaba de entre tus piernas tan precioso como excitante. Sin dudarlo un segundo dejo caer mis pantalones y mis calzoncillos…agarro mi hinchado miembro con mi mano derecha y recorro la humedad de esos deliciosos labios íntimos hacia abajo dejando que se introduzca dentro de ti. Comenzamos a danzar, una danza de caderas, mi cadera suavemente empujando, mis muslos golpeando la roca y tus piernas colgando sobre mis hombros…
Con mis manos libero esos tirantes y el top cae sobre tu precioso abdomen, ante mí tus preciosos pechos aprisionados en un sujetador blanco de algodón que marcan un escote que me parece simplemente perfecto. Las embestidas de mi cadera hacen que esos senos bamboleen y que tus duros y jugosos pezones quieran escaparse por arriba…
Que excitante y morboso, estamos haciendo el amor en medio del festival, a escasos metros de nuestros amigos, con gente alrededor, me estas poniendo increíblemente caliente y duro, ver como te muerdes los labios para no gritar me excita, tu cara de fuerza al apretarme con tu suelo pélvico me está llevando al orgasmo, no voy a resistirlo mucho más, voy a descargar dentro de tí. Siénteme palpitar, me estoy corriendo, siente como mi viscoso semen se mezcla con tus suculentos jugos…tengo la entrepierna empapada de ti, me dejo caer agotado, me dejo caer sobre ti comiéndote la boca de nuevo, sintiendo tu pecho contra el mío, escuchando tu respiración acelerada y acalorada, mirándote a los ojos y divisando tu preciosa sonrisa.
Nos quedamos, unos minutos así unidos, bajando nuestras pulsaciones. De repente nos viene a la mente tu amiga ¡Ostras, vamos que el concierto habrá terminado y nos estarán buscando preocupados!
Nos vestimos rápidamente entre bromas, risas y sonrisas, vigilando que solamente se notara lo sonrojado de nuestras caras. Volvimos al festival y con picardía te dije, espérate a que lleguemos a casa, nunca olvidaré como sonreíste.




Comentarios