La noche interminable
- Tico

- 29 ene 2020
- 5 Min. de lectura
Ésta historia ocurre una de esas noches extremadamente calurosas de un sábado noche de verano, nos disponíamos a salir a tomar algo. Algo informal, unas tasquitas en Benicassim, cenar tranquilos cualquier cosa, tomarnos unas copas y disfrutar de esas noches de verano a la fresca.
Yo iba con mis típicos vaqueros rotos, zapatillas cómodas y una camiseta blanca recuerdo de Greenland, tú en cambio ibas ideal con tus jeans blancos ceñidos, los preciosos tacones que estilizaban tus largas piernas. Todo conjuntado con una blusa/camisa/top (como fuera que se llame) muy colorido donde se marcaban esos deliciosos cocos que tanto me gusta saborear. Todo a juego con un preciso pintalabios rojo que resaltaba las bellísimas facciones de tu cara y esa larga melena ondulada.
Tras la cena nos sentamos en la terracita de un pub con dos copazos de Hendricks mezclados con 3 rodajas de pepino y 2 bolitas de arándanos sin sentido alguno. Pero en aquel preciso momento nos daba absolutamente todo igual, incluida la mierda de reggaetón que debía sonar al fondo, estábamos sumergidos en una conversación transcendental que yo a duras penas podía seguir porque estaba absolutamente hipnotizado viéndote. Así que no me pidáis que de detalles de la conversación porque apenas la recuerdo, solo sé que es uno de esos momentos que guardas en el disco duro para siempre.
La noche se estaba terminando, pero estábamos tan bien que es de esas cosas que nunca quieres que terminen, así que nos fuimos a por el coche pensando en ir a ver el amanecer desde el mirador que se alza sobre la Renegà. De camino al parking no pude resistirme más y te empujé contra la pared de un chalet y comencé a comerte la boca, los dos cuellos inclinados besándonos, besos largos, profundos y húmedos, con y sin lengua, tal y como nuestro instinto animal nos hacía evadirnos de todo lo que pasara a nuestro alrededor. Los dos estábamos deseándolo, tu espalda contra esa pared, tu pecho aplastado contra mi pecho, mis manos agarrándote por las caderas y mis dedos acariciándote el culo por dentro de los bolsillos del pantalón. Justo en ese instante noto como tu mano comienza a acariciar mi entrepierna por encima del vaquero, la hinchazón fruto de la excitación del momento es más que evidente, me vengo arriba en todos los sentidos, te agarro de los muslos y te levanto metiéndome entre tus piernas, te muerdo el cuello, siento tu perfume, escucho como tu respiración se acelera. Entre suspiros escucho como me dices: “! Me tienes cachonda cabrón! pero aquí no puede ser, vámonos” …
Nos metemos en el coche, el parking estaba demasiado iluminado así que decido arrancar e irnos a la playa nudista que estaba muy cerca de allí, de camino decides hacer travesuras y rápidamente tu mano va a mi entrepierna, yo tratando de concentrarme conduciendo, muy a duras penas dada la excitación que tenía. Noto como me has liberado la cremallera y te has hecho un hueco entre mis calzoncillos, aun no sé exactamente cómo, al pasar junto al hotel Voramar noto tu aliento entre mis piernas…Yo ateo confeso debo decir que no se ni cuantas veces blasfemé en aquel momento, madre mía que buena eres, sentía como me recorrías con la lengua, como te atragantabas y como combinabas el vaivén de tus manos con una lengua traviesa y excitada…
Ya en el parking, apago el coche, dejando de sonar aquella preciosa canción de Lenny Kravitz, es tal el silencio que al soltarme el cinturón es audible el típico clic y como la muelle tira de él retrayéndolo en el carrete. Aun no se ni como, en segundos tus pantalones están desabrochados y con una de tus suaves piernas completamente al desnudo, sin dudarlo estiro del otro camal y mi cabeza se mete entre tus muslos mientras tú te repanchingas entre la puerta y el asiento ofreciéndote. Mi mano aparta tu tanga y mi lengua comienza a recorrer esos deliciosos labios que no hablan, pero dicen muchísimo al mismo tiempo, despacio arriba y abajo mi lengua se abre camino entre ellos. Que delicioso sabor, es un elixir afrodisíaco para mí, tú temperatura corporal va en aumento, tienes muchísimo calor y te quitas la parte de arriba quedando tus preciosos pechos totalmente desnudos…yo sigo a lo mío, esta vez mezclando tres de mis dedos a modo de gancho haciendo presión contra tus paredes interiores, un ligero masaje repetido que no entiende de fatiga alguna, combinado con mi aliento y mi lengua juguetona lamiendo acelerada el botón donde tu sistema nervioso no entiende de dolor ni de pena. Nada es fingible en ese instante, los chorros calientes y viscosos que salen de ti se mezclan con mi saliva y empapan mi barba y gotean sobre el asiento y por toda la consola central…es el momento de incorporarme un poco e ir subiendo por tu abdomen, hacer caso de tus suculentos pechos intentando inútilmente metérmelos en la boca, juguetear con los pezones y terminar recorriendo tus clavículas para besarte con todos mis labios empapados de ti.
Por el hueco entre los dos asientos delanteros me cuelo detrás, sentándome en ese asiento central que nunca nadie quiere utilizar (que poco saben), me he liberado de mis pantalones, mis calzoncillos y la camiseta hace ya mucho que está perdida, tu vienes detrás de mí, te sientas sobre mi dándome la espalda de manera que me es muy sencillo terminar estando dentro de ti. Tus manos contra el salpicadero, tus pechos respingones colgando y tus pezones erectos mirando al suelo…Mis caderas comienzan un ligero vaivén al compás de las tuyas, acelerándose al ritmo del bamboleo de tus pechos, mis manos agarrándote duro esas maravillosas y suaves caderas…son audibles tus suspiros, balbuceas palabras que no se entienden. Veo en el espejo retrovisor tu cara reflejada, te muerdes el labio, tus preciosos ojos oscuros se vuelven blancos mientras tus maravillosas pestañas los cierran a ritmo de un sugerente parpadeo…el coche está invadido por un olor a pasión embriagador y el sonido como de chapoteo, como de caminar con chanclas, resuena por todo el habitáculo…yo no puedo más la visión es demasiado excitante y entre un grito, un gruñido, un aullido como el de un lobo enamorando a la luna llena termino derramando mi alma dentro de ti.
Nos quedamos en esa posición un buen rato, tu sentada sobre mis piernas y yo abrazándote por detrás, con mis manos agarrándote por los pechos y mi nariz olisqueando cual perro de rastreo la maraña de tu pelo a la altura de tu cuello. Nuestros cuerpos se relajan, las pulsaciones van descendiendo, notamos como las gotas de sudor nos recorren a ambos, pero nos mantenemos abrazados en silencio, ese silencio que en ese momento sí es digno de parafrasear a Depeche Mode.
A pesar de ser una noche cálida de verano con cierto viento de poniente, los cristales del coche quedaron como si estuviéramos sumergidos en una niebla densa como la niebla perpetua de la ciénaga de los muertos camino de Mordor, de esas nieblas que odias con todo tu ser pero que te son tan familiares y al mismo tiempo para mi tan extrañas como místicas cuando voy a 200km/h para visitarte.
Tras el rato de relax, te das la vuelta con tu particular sonrisa y rompiendo el silencio con esa voz jovial me dices: “! Nos damos un baño ¡”, asiento con mi sonrisa de oreja a oreja, nos vestimos de cualquier manera, cojo el kit veraniego del maletero y caminamos a la nudista.
Continuara en la playa…




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