Tarde muy calurosa.
- Tico

- 17 may 2022
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Era una calurosa tarde de mayo, atípicamente calurosa todavía. Estábamos en el salón viendo la televisión con la puerta del balcón abierta, la persiana medio bajada y las cortinas con esos preciosos colores y estampado tan ochentero, como si sacadas de una película de Austin Powers se mecían impulsadas por la suave brisa marina que afortunadamente entraba por el gran balcón.
Allí estábamos los dos, en aquel sofá azul eléctrico cubierto por una manta de algodón color carne, allí a la fresca. Yo sentado de esa manera que ya no permiten en el metro, en unos calzoncillos blancos estampados con motivos de palmeras hawaianas y una camiseta de tirantes en algodón gris que resaltaba mi bronceado, mis hombros, mi pecho y mis tatuados brazos. Ella y su precioso moño recogido sentada con los pequeños pies apoyados en la mesa de café, únicamente con una tanguita de algodón azul y un top de algodón blanco sin sujetador resaltando sus deliciosos pezones.
Riendo, charlando, contándonos anécdotas y comentando la absurdez de algún programa de televisión puesto simplemente al azar. Yo me levanto a fumarme un cigarrillo en el balcón mientras ella atendía una impertinente llamada de trabajo. Al pasar no me percato, es justo ese momento en el que obligados hacemos un kit kat de nuestra conversación y estamos cada uno a nuestra bola, pero instantes después al volver…
Al volver, paso mirándola y me doy más cuenta de lo preciosa que está allí tan acalorada como relajada. Sus estilizadas y delgadas piernas que empiezan en esas endemoniadas caderas que me tienen completamente hipnotizado. Ese minúsculo tanguita azul talla la más pequeña, que apenas alcanza a cubrir sus suculentos labios íntimos, una ligera mancha azul marino denotando una pequeña humedad o calor del momento. Mi temperatura corporal se comienza a incrementar cual reactor nuclear sin las barras de control.
Tomo asiento a su lado y al tiempo que comienzo a acariciarme por encima del calzoncillo me acerco a su oído. “Me muero de ganas de comerte el coño”. Ella contesta con: “No tenía el chichi para farolillos, pero ha sido verte esa cara de depravado y me he mojado”.
Con un simple: “¿A ver…?” mi mano derecha, mis dedos, recorren sus suculentos labios por encima del algodón de su ropita interior, jugando con la tela y notando mi dedo índice recorrer su maravillosa rajita.
Me meto los dedos en mi boca, chupándolos, calentándolos, ensalivándolos, y a la siguiente pasada ya me cuelo dentro de la goma de la tanguita. Sintiendo su suave piel, su humedad, su calor, recorriéndola de abajo a arriba. Nuestras cabezas están pegadas, siento sus suspiros y sus balbuceos, noto como susurra: “¡Cómo sabes ponerme!”.
Sin más palabras, mi boca se junta con la suya y comenzamos a besarnos mientras mi mano ya está completamente dentro de su empapado tanga con la yema de los dedos dando círculos en ese botoncito hinchado por la excitación. Nos besamos como animales en celo, comienzo a lamer sus mofletes su cuello, sus hombros… Comienzo a girar sobre mí mismo echándome sobre ella y con mis pies y un culazo aparto esa típica mesita de café del Ikea que más que madera parece papel de lo poco que pesa.
Continuo besándola de una forma que ni en las mejores fantasías de Gustav Klimt, con mis dos manos le quito su top tirando hacia arriba y comienzo a besar sus clavículas, bajando hacia sus perfectos, grandes y respingones pechos. Agarro esos pechos con ambas manos y mi boca comienza a engullir sus ricos y duros pezones… dios mío, como disfruto comiéndome esas tetas. Alcanzo a oír un leve susurro: “¡Joder, como me las comes!”. De mi boca solamente salen resoplidos, sonido de rechupeteo y un: “¡mmm, como me gusta comértelas!”.
Sigo amasándolas y desciendo con la lengua por su abdomen, su ombligo, empapándome de su esencia, de su aroma, deleitándome con cada centímetro de su piel. Mi cuerpo se encuentra con las rodillas en el suelo, completamente entre sus piernas, mi cabeza chupando su abdomen y mis pectorales completamente pegados sobre su ya hirviente entrepierna. El calor ambiental ya es lo de menos.
Mis manos agarran las peligrosas curvas de sus caderas y tiran hacia debajo de ese tanga sacándolo por un pie primero y por el otro después con un movimiento de lo más sensual y con esa gracia única que caracterizan sus movimientos. Justo en ese momento descubro su húmedo y delicioso manjar, mi más preciada y mi merienda favorita.
Sin dudarlo pongo mis manos en sus delicadas y fuertes rodillas empujando y abriendo aún más sus diabólicamente torneadas y estilizadas piernas. Mi cabeza completamente entre sus piernas, con la lengua recorriendo esos jugosos labios una y otra vez, completamente poseído. Mi mano izquierda se posa en su abdomen haciendo presión para dejar el camino libre a mi otra mano cuyos dedos introduzco mientras mi boca come y sigue comiendo sin poder parar, absorbiendo todos sus jugos. Mi lengua lamiendo cada vez más deprisa ese hinchado botoncito de placer con el que jugaría durante horas.
Con una mano ella presionándome con muchísima fuerza la cabeza contra su suculento tesoro y con la otra agarrando una almohada, tapándose la cara tratando de atenuar sus suspiros y sus gemidos. Entre el estado de éxtasis alcanzo a entender como dice: “¡Cabrón como sabes encontrarme y llevarme hasta el punto!” Poco a poco voy notando ese abultamiento que le encanta ser acariciado se va poniendo más y más duro presionándome los dedos con firmeza y yo cada vez aprieto con más fuerza a la vez que sigo chupando, lamiendo y comiendo.
Cada vez más fuerte y más rápido, hasta que sin previo aviso mi barbilla siente su caliente, viscoso y delicioso chorro inundándome la boca, la cara, la barba… mmm que delicia poder saborearlo, que delicia empaparme con sus jugos y sus aromas.
No puedo soportarlo más, me separo un poco al tiempo que tiro de mis calzoncillos hacia abajo. Estoy muy duro, muy muy duro y muy caliente como nunca. Ante nosotros mi cabeza rosada enorme alborotada y regada por las grandes venas marcándose en todo el tallo. Sin dudarlo comienzo a deslizarla arriba y abajo por su jugosa rajita, lubricándola y excitándome aún más. Con total claridad escucho como me dice: “¿Tienes condón? ¡Métemela hijo de puta!”.
Tarde, muy tarde, ni condón ni nada, ya estaba completamente dentro de ella. Agarrándola de las caderas mientras con precisa suavidad y sintiendo todas las sensaciones, piel con piel, con un tsunami de sensaciones voy introduciéndome y saliéndome de su maravilloso cuerpo. Cada vez más apretado, más duro, más rápido y más profundo. Sus preciosos pechos bailando la música que marca mi cintura, nuestros cuerpos brillantes, muy sudados y excitados acompañados por el aroma y el chapoteo exclusivo de esos increíbles momentos mágicos.
La miro, con su mirada clavada en mí y mordiéndose el labio, su cara me produce un estado de excitación como nunca antes. Noto como ambos estamos llegando al éxtasis y cuando la saco un abundante chorro sale de ella al tiempo que exploto hasta 3 veces inundando su vientre y llegando hasta sus generosos pechos. La imagen ante mi es absolutamente inigualable e irremplazable… preciosa, desnuda, entregada, agotada, pringada y manchada con mi esencia, pero desprendiendo ternura y felicidad.
Vuelvo a acercarme y recostarme sobre ella, nuestros cuerpos empapados de sudor y de más cosas vuelven a unirse a la vez que nuestros carnosos labios comienzan a besarse.
Por muchas tardes calurosas así…




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