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Laundry room

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 17 mar 2020
  • 4 Min. de lectura

Era una mañana de esas de domingo estival. Una mañana sin nada que hacer, al menos nada planeado tal y como a mí más me gusta, es curioso pero los que vivimos pegados a una agenda agradecemos muchísimo que existan días así. El sol de las 10 entraba por la ventana del balcón filtrándose por las cortinas, apenas por esos 4 dedos que quedaban entre el suelo y la persiana. Era el mes de agosto por lo que a las 10 de la mañana hacia ya un calor considerable, me despierto en la cama con mí clásico look mañanero de verano, gallumbos y tirantes. Abro los ojos con mi carita de sapo y veo que no estás a mi lado, decido levantarme a ver que estás haciendo y echar un cable.


Me siento en el costado de la cama antes de levantarme y reviso el móvil, 0 mensajes y 0 llamadas. ¡Ideal! Me pongo de pie y comienzo a llamarte, nadie contesta, se oyen las palomas salir volando. Salgo al pasillo y la luz de ese solazo de verano inunda la casa, avanzo por el pasillo llamándote y nada…


Llego hasta la puerta del cuarto de la ropa y allí te veo de espaldas con un culotte de algodón a rallas que deja intuir ese maravilloso trasero y esas deliciosas caderas que tienes, arriba llevas tu viejo top rojo burdeos de tirantes que deja al desnudo esos perfectos hombros con efectos magnéticos y con el que se dejan adivinar esos preciosos pechos respingones, intuyéndose esos pezones que son como Hershey's kisses para mí boca.


Me quedo desde la puerta viéndote como cargas la lavadora, observándote, pero sin hacer ningún movimiento brusco para no asustarte, estás con los auriculares y no me has visto…me acerco sigilosamente por detrás, te abrazo con mis largos brazos atrapándote por completo y poniendo las palmas de mis manos sobre tus muslos. “Buenos días cariño. ¿Qué escuchas?” Me miras sonriendo con esos ojazos que me tienen hipnotizado y esas pestañas que me vuelven absolutamente loco, con tu mano derecha te quitas un auricular y mientras tus húmedos labios se juntan con los míos me lo pones en la oreja. Es un cover de DJ de un clásico de Nirvana del cual ambos podemos recitar la letra prácticamente de memoria. Y no, ni lo imaginéis, no es el cover de Ramoncin por el amor de 2. Es una versión de verdad, de las buenas y no es “Come as you are”.


Tengo la fortuna de ser un poquito más alto, asi que tengo una visión privilegiada de tu maravilloso escote, que unido a que a mayor frecuencia ya de por si el sexo genera adicción y excitación por sí solo y frecuencia es una palabra que nosotros dos medimos en Gigaherzios, todo junto que ya de por si yo suelo levantarme como decirlo…parafraseando la reseña de Luis en Amazon, como un cañón apuntando al puñetero Fadrì.


Mis manos extendidas por completo sobre tus muslos, formando entre ellas un corazón y con los dedos colándose entre tu piel y tu ropita interior. Con las yemas de los dedos siento tu humedad y comienzo a masajearte alrededor de tu ingle mientras mi cabeza, mi boca recorre tus mejillas y mi nariz olfatea ese cabello alborotado tan característico. Al mismo tiempo noto como tu mano se cuela dentro de mis calzoncillos agarrándome por ese único sitio por donde se me puede agarrar…ufff estoy tan excitado que ya no sin dudarlo porque directamente fue completamente de forma animal y sin pensarlo, te empujo y te aplasto contra aquella pared color pitufo gruñón, siento tus suspiros, mis manos pasan a agarrar esos pechos que ya no sé si están hechos a medida de mis manos o viceversa. Siguiendo con esa enajenación mental que ya nada tiene de transitoria, agarro tus hombros y te obligo a que te recuestes de espaldas sobre la lavadora, mis manos te bajan ese culotte hasta los tobillos dejándome ver la perfecta curva de tus nalgas, hechas al milímetro cual delineante del siglo XX.


Me pego a ti bajándome los calzoncillos hasta las rodillas y con un leve golpe de cadera me uno a ti, con el vaivén de mis caderas tu espalda se arquea y tiras tu cabeza hacia atrás invitándome a que agarre ese pelo y lo estire…Tus pechos se han escapado de ese top y bambolean a ritmo, tus ojos están perdidos mirando al techo y tu boca abierta con los labios totalmente hacia a fuera emitiendo una serie de palabras apenas entendibles entre gemidos y susurros… de repente una de tus manos agarra una camiseta del montón y te la pones en la boca mordiéndola con rabia entre gruñidos, yo noto como un chorro caliente inunda mi entrepierna y cae al suelo formando un gran charco transparente.


Tus pulsaciones se relajan, te siento agotada y así como grogui, aprovecho para darte la vuelta y te siento sobre la máquina, mirándome de frente. Tu cara esta sonrojada, gotas de sudor te caen de la frente, me miras con esa carita de excitación, esa carita entre niña buena que nunca roto un plato y chica mala, pícara y morbosa. Te muerdes el labio inferior de la forma sensual que conozco y yo vuelvo a frotarme y colarme entre tus piernas, comienzo a blasfemar como Himeneo, sentirte tan húmeda, jugosa y caliente me pone cada vez más y más duro, siento como me aprietas cada vez más y más, ya no aguanto más, noto otra vez el calorcito de tu líquido y entre un aullidos y gruñidos suelto toda mi carga dentro de ti.


Mi cuerpo te abraza temblando de placer, nos abrazamos, nos besamos, nos comemos entre miradas y sonrisas sin cansarnos de mirarnos, atraídos por lo físico y en lo emocional pero también en lo mental y racional, esta vez no es para cubrir el típico eufemismo infantil, a esto es a lo que de verdad se le denomina hacer el amor.


Nos besamos de nuevo y los dos nos reímos al ver el estropicio que hemos montado en el cuarto de la ropa. Nos va a tocar pasar toda la tarde arreglándolo, que peligro y que gustazo…



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