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Mañana relajante en la cocina

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 10 abr 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 11 abr 2020


Era una mañana de bien entrada la primavera, hacia finales de mayo, cuando el calor ya aprieta un poco pero aun no te has atrevido a cambiar la ropa de cama. Me había despertado antes y había notado que no estabas a mi lado pero el cansancio y la pereza hacen que se me peguen las sabanas un poquito más. A las 11 de la mañana ya no es que la luz que se cuela por la persiana moleste es que da un calor que no hay manera, toca levantarse…

En cualquier otra ocasión diría que me levanto medio zompo y tropiezo con algo, pero que va, he dormido como un tronco, estoy súper despejado y con energía. Reviso el móvil por si tengo algún mensaje tuyo y nada, 10 mensajes que no me importan ni un pimiento verde y un grupo de aburridos que no paran de mandar coñas. Supongo que estás por la casa, tal vez arreglando las plantas aromáticas que tanto te relaja.

Hoy estamos solos en casa, los críos están con los abuelos, así que voy a tu encuentro con el típico uniforme de domingo, unas chancletas naranjas merchandising de Fanta, unos calzoncillos con motivos divertidos y la camiseta de algodón del Primark con el emblema de los Ramones.

Cuando llego a la altura de la cocina, el sol entra por el gran ventanal que da a la calle y te veo allí de espaldas frente a la bancada de granito, estas enrollando los típicos makis de salmón, aguacate y sésamo que tanto me gustan, adoro la cocina japonesa y cuando la preparas tú me sabe mejor que la de aquel restaurante de Alexandria a orillas del Potomac del que la gente dice maravillas y al que tanto quiero que vayamos.

Me quedo en el umbral de la puerta observándote, creo y no me equivoco que es una de mis aficiones favoritas, quedarme en la puerta observándote en silencio. Tu tampoco es que hayas pensado mucho que ponerte, apenas te has puesto la misma ropita interior que llevabas anoche cuando salimos al cine. Un sujetador negro sencillo que resalta la forma y el volumen de tus preciosos pechos, y unas braguitas negras de encaje tipo culote que resaltan esas caderas y piernas que tienes. Tu silueta luce asombrosa con los rayos de sol de la mañana, el pelo oscuro te llega hasta justo ese lugar donde la espalda pierde su nombre, viéndote de esa forma por la mañana me está produciendo un hormigueo que sumado al típico efecto de la mañana hace que mi mente siempre traviesa y pícara se ponga en modo absolutamente pervertido mmm…


Avanzo lenta y sigilosamente hasta colocarme detrás de ti, cuando pongo las manos en tus desnudas caderas das el típico saltito de sorpresa.

”Buenos días amore mío”, te digo

“Buenos días”¿Qué tal has dormido? , me contestas

Yo ya no contesto, directamente paso a besar esas preciosas clavículas y esa parte del cuello que tu moño deja al descubierto, al mismo tiempo que mis manos acarician la suave piel de tus caderas. Entre suspiros y tu tímida risita de felicidad escucho tu armónica voz.

“Ahora no, estoy haciendo la comida, mira como tengo las manos”

"Ya comeremos un poco más tarde que el pescado mejor de segundo plato", contesto

“Pero el aguacate se va a oxidar”, dices

Yo ya ni caso y sigo a lo mío, mientras mis labios van recorriendo tu cuello hasta llegar a tu hombro mis manos se introducen dentro del culote, a razón de lo que voy encontrando confirmo que la negativa solo era de boquita. Mis dedos sienten esa caliente humedad y te acarician a la vez que recorren esa deliciosa rajita. Al mismo tiempo que jugueteo, mis pulgares van empujando la braguita hacia abajo hasta que una vez superada la cadera, éstas caen solas al suelo.


Con esa gracia de movimientos que te caracterizan te das la vuelta y sacas una pierna primero y luego la otra. Tus ojos oscuros me miran brillando como dos piedrecillas de ónix, me viene a la cabeza aquella frase que dice “los ojos besan antes que la boca”, la doy por buena, pero por poco ya que mis labios se funden con los tuyos en milisegundos. Tus suaves manos se introducen en mis calzoncillos liberándome de la presión de la tela, la erección es más que evidente y algo salta como si de un resorte se tratara. Mientras nos besamos, tu mano izquierda agarra con fuerza mi culo y la derecha comienza un masaje tan suave como increíblemente excitante…


Con un movimiento de brazo libero la mesa auxiliar de tapas y tuppers dejándolos caer al suelo de una forma un tanto escandalosa, eso normalmente no te gusta mucho, pero en estos instantes te trae sin cuidado. Mis manos agarran esos preciosos cachetes que juntan tu culo con tus muslos y mis brazos te levantan para sentarte de frente sobre la mesa. La visión es casi de divinidad, tu recostada con tus ojos fijados en mis movimientos, tu precioso canalillo entre esos dos perfectos pechos, las piernas abiertas dejando ver tu deliciosamente húmedo y rosado orificio de placer…


No estamos para preliminares, llevo un empalme que me va a hacer estallar así que me pongo entre tus piernas frotando la cabeza entre tus húmedos labios, me deslizo dentro con suavidad, jugando y sintiendo justo en ese punto que tanto me gusta donde haces fuerza con el suelo pélvico, ese lugar donde se estrecha tanto… comienzo un ligero vaivén con mis caderas aumentando poco a poco el ritmo y la profundidad.


Mis embestidas son cada vez más fuertes y profundas, justo aguantando ese breve segundo dentro del todo que tanto placer te produce. Tus pechos saltan a cada golpe de cadera con ese movimiento hipnotizante, tus duros pezones asoman con timidez por el borde de las copas del sujetador. Los dos estamos muy excitados y sudados, tu piel brilla y puedo ver como tus mofletes se sonrojan y resoplas mientras apoyas la cabeza en el ventanal.

Siento tu respiración muy acelerada, recostada con tu mano en la boca medio mordiéndola y medio tapándola para evitar inútilmente que los gemidos y los gritos se oigan desde la calle, madre mía me estás apretando endiabladamente fuerte, no voy a aguantar mucho así, mi brazo derecho te agarra por el cuello mientras veo cómo te muerdes el labio inferior. Acelero más mis caderas… estoy llegando al orgasmo y tú también, palpito dentro de ti no una vez ni dos, sino tres veces descargando y llenándote, sincronizados al segundo siento como un líquido caliente y viscoso recorre mis genitales cayendo al suelo. Entre gritos y gruñidos estamos los dos temblando de placer…


Todavía en tu interior, me dejo caer sobre ti agotado, nos abrazamos mientras recuperamos las pulsaciones, nos besamos, nos miramos, nos volvemos a besar. No nos decimos ni una palabra pero es de esos instantes donde algo mágico ha ocurrido y ninguno tenemos ganas de cambiar de postura, nos quedaríamos sobre esa mesa eternamente…




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