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Pellets

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 2 dic 2020
  • 5 Min. de lectura

Una tarde gris de invierno plagada de contradicciones, en un lugar lejano, pero extrañamente cercano y familiar, un clima no muy frio, pero húmedo en un ambiente a la vez seco y distante, un comedor a 22 grados, pero helado, una conversación poco amena que no era preámbulo de lo que iba a ocurrir poco más tarde.


Y así, sin saber muy bien como acabamos en el cuarto de la caldera, tocaba rellenar la tolva de la caldera de Pellets. Antes de volcar los sacos hay que vaciar de ceniza la caldera. Y ahí te veo de espaldas frente a mí, justo delante de mí, justo donde siempre deseo tenerte, a escasos centímetros.


Ese fantástico trasero que tienes se ve maravilloso con esos jeans azules y esas botas de ante marrón. ¡Que caderas tienes maldita! Mi boca comienza a salivar y mis manos no pueden evitar agarrar esa cinturita fina de avispa al tiempo que mi cuerpo se pega más a ti mientras mi cara se sumerge en tu preciosa melena ondulada, olfateando ese cabello que con su aroma natural me hace perder cualquier voluntad de resistirme a tus encantos.


Tu permaneces inmóvil en silencio, sigues enfadada, pero poco a poco vas encorvando más y más tu espalda ofreciéndome todavía más ese trasero. La separación de tus muslos cada vez es más pronunciada, me encanta tu forma de provocarme, me encanta esa picardía, me encanta ese cuerpo ideal con el que casualmente está envuelta tu esencia, tu alma, tu ser.


Mis manos se entrecruzan sobre tu abdomen, por debajo de esos redondos y puntiagudos pechos, uno a uno voy liberando cada uno de los botones que te aprisionan dentro de los vaqueros, por favor para que ponen tantos botones. Mis dedos se introducen en tu ropa interior de algodón, mmm…te siento húmeda, disimulas y te haces la dura, pero estás tan excitada como yo. Te susurro al oído: “Llevo todo el día desde que me recogiste, deseando llegar a casa y arrancarte la ropa”. “¿A siii?”, me contestas.


Sin dudarlo agarro con dureza por los laterales esos vaqueros y tus bragas, los estiro con la violencia de un primate hasta que quedan a la altura de tus tobillos. Ante mí tu piel desnuda, tu trasero, tus muslos, tus partes más íntimas en el precioso hueco que dejan esas dos torneadas piernas.


Como un poseso me pongo de rodillas y mi cabeza, mi nariz, mi boca se abalanzan en la raja de ese culazo, estoy como un perro, como un perro salvaje oliendo y husmeando tus aromas más íntimos. Comienzo a lamer, lamo como un ente poseído, como un animal, lamo desde tu ano hasta los labios de esa preciosa vagina que no dudo en chupar y chupar su elixir, cierro los ojos del gusto, de placer y de las ganas que tenía por sentirte de nuevo…Cada vez tu cuerpo está más y más encorvado, desafiando las leyes de la física, los principios de flexibilidad y la lógica del momento.


Introduzco mis dedos en ese jugoso orificio, presiono dentro de ti con fuerza y comienzo un movimiento oscilatorio con ellos al tiempo que mi lengua da vueltas y vueltas como una peonza alrededor de tu rosadito ano. Estoy sintiendo como las paredes de tu cueva se estrechan y me aprietan los dedos como si me los quisieras partir, como un cascanueces aprieta, como unas tenazas, como si quisieras medir mi presión arterial con tu suelo pélvico. Yo doblo mis dedos más duro todavía, es un pulso de fuerzas y de placer. Separo mis dedos rodeando ese musculo interno, ese bulto interior suave y duro que me fascina. Ese musculo que solamente rozándotelo un poco siempre he encontrado tu punto de excitación máxima, pero hoy no estamos para ir con delicadezas, hoy estamos muy salvajes y hoy apretaremos los dos con todas nuestras fuerzas hasta que no nos quede energía o alguno diga basta.


Tu fuerza me resulta ya dolorosa, me estas machacando los dedos mientras mi lengua busca como introducirse en tu cada vez más babeado ano. De repente se produce la liberación de toda la tensión y un manar de exquisitos jugos sale con increíble presión de esa bonita rajita rosada. Tus jugos mojan mi cara, mi camiseta, mi pecho y van cayendo al suelo pasando por todo mi cuerpo, no ceso en mis movimientos y el manar cada vez es más y más abundante mmm…


Por segunda vez hablas, solamente consigo entender… “necesito que me la metas”.

Me pongo de pie y veo tu silueta, absolutamente con las nalgas impregnadas de mis babas y tu flujo, tus brazos abiertos completamente abrazando la parte superior de la caldera y absolutamente abandonada al placer.


En un solo movimiento me quito el jersey y la camiseta interior, mi torso desnudo con los pezones duros y excitados, mis tatuados brazos tensionados marcando todas y cada una de mis venas, mi cara llena de tu humedad. Sin esperar ni un segundo me desabrocho el cinturón y me bajo los pantalones en un muy buen sentido. Me desprendo de los calzoncillos y como si tuviera un resorte ahí está mi más que cuarentona compañera de fatigas, colorada, hinchada, dura…


Me la agarro con mi mano derecha y me acerco entre tus piernas, te paso esa cabeza que ansias entre esos jugosos y húmedos labios rosados. Mi mano izquierda presionando tu espalda y obligándote a encorvarla más todavía. Sin aviso, sin sutilezas, la introduzco completamente con un golpe seco de cadera. Apenas un ligero suspiro sale de tu boca y comienzo a bambolear mi cintura como un martillo percutor, golpes secos y profundos mezcla de pasión y de rabia.


Todo tu cuerpo tiembla al ritmo de mis envestidas, tus pechos han abandonado el refugio de tu sujetador y absolutamente respingones con los pezones duros como piedras botan y rebotan cada vez más y más rápido. Tu cabeza está completamente echada hacia atrás, como en tensión, como no queriendo perder ni un solo detalle, pero abandonada al placer, cerrando los ojos unas veces y con una mirada totalmente perdida otras.


Mis brazos desnudos te agarran por debajo de las caderas y te levanto del suelo lo justo para meterme dentro de ti a placer y continuar con el castigo más placentero que existe, estoy haciendo contigo lo que quiero, justo lo que quiero, eres una muñeca en mis brazos. El ritmo es endiabladamente rápido y las estocadas cada vez son más profundas. Noto perfectamente como estoy chocando con el fondo de tu cuerpo. Gimes, gruñes, te muerdes los labios y cada vez estas más y más mojada, balbuceando un no pares, no pares, córrete dentro por favor.


Mi excitación llega a su máximo y no soporto más, comienzo a palpitar dentro de ti, comienzo a soltar mi semilla, nunca he sentido algo asi, nunca ha sido tan intenso, nunca ha salido semejante cantidad. Mi leche se mezcla con tus flujos y sale manando a borbotones de tu raja, viscosa y brillante sigue cayendo por el interior de tus muslos hasta llegar al suelo.


Yo no ceso, y a pesar de haber llegado al zenit pienso seguir castigando sin cesar mientras la física y la dureza lo permita. Como si no hubiera una próxima vez, para que nunca olvides ese día, ese preciso momento en el cuarto de la caldera.


Nuestras pulsaciones están aceleradísimas y yo finalmente sucumbo a la segunda oleada de mi excitación, vuelvo a descargar dentro de ti dejando caer mi cuerpo sudado sobre el tuyo, mordiéndote duro el cuello mientras aparto un saco de Pellets que cae al suelo desparramándose. Tu respiración esta aceleradísima, te falta el aire y estas en eso que deja muy claro si ríes o lloras, hablas, balbuceas, nada comprendo, pero se por el sofoco de tus mofletes que te ha gustado y mucho.


Nos dejamos caer sobre los sacos, nos besamos y poco a poco recuperamos pulsaciones con múltiples gestos de cariño, caricias, roces, besos y un abrazo interminable.



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