top of page

Rock en vendimia

  • Foto del escritor: Tico
    Tico
  • 27 sept 2021
  • 7 Min. de lectura

Un viaje improvisado de fin de semana con amigos, unas bodegas que visitar en Murcia, un cambio de aires al final del verano que suena raro que lo diga yo, pero ya tenía un poco aborrecida la playa.


Por fin llegamos, dejamos las 4 cosas que traíamos y salimos de tapas y cañas para conocer aquel pequeño pero acogedor pueblo del Altiplano Murciano.

En seguida nos hicimos amigos de Pepe, el camarero del bar de la plaza que se tomaba a bien el que nos costara entender su peculiar acento. Pepe no tardo en coger confianza y se puso a contarnos que estaban en las fiestas por la vendimia. Y nosotros que hemos oído fiesta, listos y preparados y ya estábamos expectantes.


La verdad es que hacía un calor acojonante y las cervezas con su tapa iban cayendo una detrás de otra sin parar. Admito que ya lo sé, que veníamos a beber vino, pero es que llamadme tiquismiquis, pero con 35 grados a la sombra una o varias rubias fresquitas eran mucho más de agradecer en aquel momento. A lo tonto Se nos hicieron las seis de la tarde en aquel bar, ya solamente estábamos nosotros y Pepe, el resto ya se habían recogido a refrescarse a la piscina, a pegarse una buena siesta o porque no, ambas cosas. Nosotros pagamos las cervezas, las tapas estaban incluidas (eso si es una gran tradición que debería extenderse) y nos fuimos al apartamento.


Habíamos decidido acudir a un concierto esa noche, un concierto rock de un grupo local. Así q tocaba descansar un poco y preparase para la noche de "vendimia". Tras reposar nos hicimos 4 hamburguesas para cenar con unas papas y ya estábamos listos para salir. Yo con unas zapatillas negras, unos vaqueros azules que habían pasado mejores momentos durante su larga existencia y una camiseta del último concierto de U2, un look muy casual que es exactamente el que más me gusta.


Llegamos al concierto y no había tanta gente como pensábamos, se estaba bastante bien. Era una especie de recinto amurallado al aire libre que daba la sensación que se utilizaba para todo, cine de verano, conciertos, recitales, reuniones. Lo habían habilitado conforme a un ambiente muy gótico que salvo por las murallas y el cielo estrellado te podía dar la sensación de estar en un antro de lo más “grunch” de Madrid o Barcelona.

Como unos adolescentes de 40 tacos, primera fila y haciendo corrillo. El grupo tocaba muy bien, la batería y el bajo eran absolutamente sorprendentes. Y bueno el solista tenía mucho rollo, pero digamos que el inglés no era lo suyo, aunque no desafinaba y dentro de su propio bachiburrillo todos sabíamos que canción era.


Y allí estábamos, sin darnos apenas cuenta al lado había un grupito de chicas, rápidamente me fijo en una preciosa pelirroja con una larga melena ondulada, con una camiseta de Nirvana que le sentaba de maravilla resaltando la feminidad de su menudo, delicado y magníficamente proporcionado cuerpo, unos vaqueros azules que le quedaban ajustadísimos y ciñéndose perfectamente a sus maravillosas caderas y unas converse blancas de festival que ya habían soportado otras batallas ese mismo verano. La miro y la veo cantar sujetando un tercio de alhambra reserva con una soltura y un rollazo increíble, algo me dice que debo ir acercándome de poco a poco.


Justo en el preciso momento que suena Nirvana, mucho mejor que la versión de Ramoncin he de decir, medio me giro y la veo, establecemos el primer contacto visual y al menos para mí no es para nada casual. Como me flipa el pelazo, su mirada profunda y pícara, sus facciones suaves y como os podéis imaginar mi sucia mente examina cada rincón de su delicado cuerpo una y otra vez. Tampoco exageréis, no en plan baboso apestoso, pero si escaneo discretamente todo lo que puedo.


Me voy paseando por allí como quien no quiere la cosa, hasta forzar de nuevo ese cruce de miradas cómplice "ese cruce q muchas veces solamente es: ¿y éste pavo?" Pero no, me sonríe y le sonrío. Ya codo con codo cantamos un verso del estribillo a grito pelado mirando los dos hacia el escenario, y el siguiente verso mirándonos cara a cara, vamos alternando las estrofas jugando a mirarnos.


De repente veo que su tercio ya solamente tiene un dedo de esa mezcla final caliente de birra y saliva y le pregunto: ¿Te pido otra? Nuestras primeras palabras son: ¡te pido otra! Ojo clase romanticismo, pero es muy del rollo que tocaba. Vuelvo con la cerveza y me recibe con un gracias y esa mirada pícara que percibimos todos cuando sabes que realmente has gustado.


Justo en ese instante el grupo hace su descanso y ponen de fondo esa música de impas, ACDC para la ocasión. Comenzamos a hablar y hacernos las preguntas de rigor: ¿De donde eres, no te había visto por aquí, te gusta el grupo?...


Y charlando charlando, salimos a tomar el aire y porque no, a hacernos un pitillo fuera del recinto. Poco a poco el sitio se había ido llenando, desde primera línea no nos habíamos dado cuenta, pero estaba petadísimo, los tiempos COVID ya son historia. Para no perderla le cojo la mano y voy abriendo camino entre la gente. Saliendo del local ya me atrevo un poco más y salimos riéndonos de la parida q seguramente habré dicho y paso mi brazo sobre sus hombros los dos muertos de la risa y acortando distancias.


A la izquierda de la puerta estaban los carteles de los próximos conciertos y hacia allí nos dirigimos. Observando los carteles, de repente nuestras miradas se entrecruzan de nuevo y viene ese momento de pánico escénico, que te mueres por ir y hacerlo, pero no sabes muy bien que pasara, es justo uno de esos momentos que si me surge un atisbo de timidez porque puede ser un besazo que ni el famoso de Times Square o el de Gustav Klimt, o fracasar y acabar siendo la cobra Taka taka.


Miro sus ojos oscuros, brillan, sus mejillas sonrojadas y suspirando en plan que tampoco aguanta más y me decido. Giro a mi izquierda, ella a su derecha y mis labios sienten los suyos delicados y carnosos. No puedo evitar meter mi lengua mientras mis manos agarran fuerte esos maravillosos vaqueros azules de corte bajo justo donde termina su espalda. Agarro ese perfecto trasero y la aprieto contra la pared. La levanto y sus piernas rodean mi cintura mientras sus brazos se entrelazan sobre mis hombros y mi cuello.


El grupo ha vuelto a tocar, le miro, me mira y pregunto de forma pícara: ¿Vamos? Me responde: “Los he visto 15 veces ya, se cómo sigue, creo que podemos hacer mucho más nosotros dos solos”.


Comenzamos a caminar por la adoquinada calle bajo la luz amarillenta de las farolas que ambientaban el casco antiguo, mi mano dentro del bolsillo trasero de su pantalón y su mano dentro del mío, apenas podíamos avanzar una decena de metros sin comernos la boca y sin sobarnos una y otra vez, la pasión del momento nos tenía enajenados. Al rato llegamos a la puerta del apartamento que al abrirla sonó un chirrido gracioso por las bisagras antiguas. Cerré la puerta y con la poca luz ambiente que entraba por las ventanas comenzamos a besarnos, de esos besos que te hacen levitar y de esos besos que lo levantan absolutamente todo.


Teníamos más calor dentro que fuera y sin mediar palabra comenzamos a arrancarnos las camisetas y conforme íbamos subiendo las escaleras hacia el dormitorio íbamos perdiendo la ropa... una zapatilla por cada lado, las camisetas a saber, los pantalones fueron cayendo con ayuda, pero cayendo en el escalón que fuera... mis calcetines a la pata coja los tiré por el hueco de la escalera, a saber dónde cayeron porque ya nunca los encontré.


Entramos al cuarto en ropa interior, la miraba y me ponía loquísimo, con ese precioso tanga negro que le sienta fenomenal, ese sujetador push-up a juego que le realza ese precioso escote. Ahora si me tenía babeando. Suelto el broche de su sujetador y ante mi sus delicados pero firmes pechos con esos deliciosos pezones perfectamente proporcionados, no aguanto y mi boca se abalanza sobre ellos, que placer notar como se endurecen en mi boca, que piel más fina, que delicia, su pecho completamente en mi gran boca. Mientras mis manos ejercen un poco de presión sobre su plano abdomen y se deja caer sobre la cama, pongo mis brazos sobre la cama mientras me mira con picardía mordiéndose el labio con ganas de batalla.


A gatas voy acercándome a su cintura hasta que mi cabeza se encuentra justo entre sus piernas, mis dedos estiran ese tanguita y primero una pierna y después la otra la dejo completamente desnuda a la luz amarillenta de las farolas que entra por el viejo ventanal de mi cuarto. Me sumerjo en sus cuidadas y delicadas ingles y con un pequeño movimiento abre un poco más las piernas, mi boca besa sus otros labios mientras mi lengua recorre ese delicioso canal de abajo a arriba quedándose lamiendo en círculos ese rico manjar oculto en forma de botón de placer. Mis curiosos dedos también quieren palparla, los introduzco y aprieto formando una V mientras mi lengua lame cada vez a más velocidad aquel botoncito.

En el silencio del cuarto solamente se escucha el chapoteo de mis dedos y sus suspiros de placer mientras arquea el cuerpo y balbucea un: "¿Que me haces?". Noto sus paredes tensas, está a punto de sucumbir, necesito, quiero que lo haga en mi cara de diablillo, necesito que mi barbita conserve sus mejores aromas. Sus delicados y finos brazos agarran las sábanas y toda la tensión se libera, que enorme placer.


Acalorada, agotada pero muy caliente, me miras y dice: "Creo que ahí hay algo que me pertenece, métemela ya no puedo más". Me pongo de rodillas, la agarro por sus maravillosas caderas y la levanto hasta mi cintura. La miro pidiendo aprobación y la veo con ese pelazo rojo alborotado y aún más rojo por la luz de la habitación, con su sonrojada y angelical carita, me grita un: "Vamos"...


Comienzo a entrar dentro de ella, suave, al ritmo que sus paredes me aprietan cada vez más, apenas muy superficial para ir alternando con alguna profunda que la estremece. Está completamente a mi merced, hago lo que quiero con ella y no pienso detenerme. Sus paredes se están tensando más y más, como aprieta, que caliente y húmedo se siente, cada vez estoy más y más duro dentro de ella, me tiene a punto de explotar y lo sabe...


"Dentro, lo quiero dentro" me dice, oír eso me lleva al éxtasis y no puedo evitar palpitar dentro de ella, sigo penetrándola y teniendo un orgasmo o varios que no acaban nunca, todo mi cuerpo tiembla de placer. Siento como estamos unidos y todo sale y se escapa bombeado por mis movimientos de cadera, sus abundantes jugos calientes y viscosos junto con mis pinceladas blancas me mojan la entrepierna y me empapan.


Me recuesto agotado y sudado sobre ella, besándola en el cuello, en las mejillas, en la boca y deseando que no amanezca nunca…



Comentarios


Post: Blog2_Post

EL DILEMA DE APOPHIS

© 2023 por Vicent Garcés. Creada con Wix.com

bottom of page