Área de descanso, o no?
- Tico

- 15 mar 2022
- 4 Min. de lectura
Habíamos planeado una pequeña escapada de finde, salir un viernes a media mañana en dirección al aeropuerto y volver un domingo a media tarde. Una pequeña escapada medio improvisada a última hora.
Unos billetes baratos de ida y vuelta a Bolonia, dos noches en un hotel con mucha personalidad en el mismo centro de la capital de la Emilia-Romagna y un FIAT 500 descapotable de alquiler para ir a Venecia el sábado. Ya todo estaba listo, así que solo me quedaba ir a recogerla y salir pitando en dirección al país de la bota.
Conforme la veo salir por el portal, iba preciosa con su moño recogido y con ese precioso vestido estilo japonés con el vuelo de la falda por encima de sus rodillas, sus maravillosas piernas, sus caderas que me vuelven loco, su cintura y esos deliciosos pechos que sobresalen ostensiblemente de su cuerpo. Solamente con eso mi cuerpo experimenta un chute hormonal que me hace colorarme como tomatito y ya lo creo que se me nota y ella me lo nota.
Comenzamos el viaje hasta el aeropuerto, es un trayecto de 1h 15min aproximadamente en el que inevitablemente no puedo apartar la vista de sus piernas incluso llego a reposar mi mano derecha sobre sus muslos.
Su piel es tan suave, tan deliciosa, mi mente calenturienta se apodera de mi ser y poco a poco voy dejando caer mis dedos sobre la parte interna de los muslos, colándome poco a poco dentro del vestido. Ella se siente más que cómoda y abre tímidamente sus piernas, recorre el asiento hacia atrás al tiempo que lo abate ligeramente, señal inequívoca de aprobación.
Mis dedos poco a poco van ascendiendo hasta encontrarse con el suave tacto de sus delicadas braguitas, notándolas húmedas y ligeramente calientes. Sin dudarlo aparto su costura y recorro con mi dedo índice el suave tacto de sus húmedos labios, introduciéndolo poco a poco y sintiendo como se humedece más y más. Ella separa ya sus piernas completamente remangándose el vestido mientras se relaja y acomoda en el asiento echando la cabeza hacia atrás con la mirada perdida hacia el exterior, suspirando y mordiéndose el labio.
Mis dedos índice y corazón se introducen dentro de ella recorriéndola y apretando al tiempo que su suelo pélvico sigue produciendo esos espasmos resistentes que sabe de sobra que aún me ponen más caliente.
Algo dentro de mis pantalones está a punto de estallar, el bulto y la dureza ya no solamente lo noto yo, sino que es más que evidente que me está encantando lo que está pasando. Pero debo concentrarme en la carretera y en lo que mantiene ocupadísima mi mano derecha.
Entre susurros escucho un joder como me pones, como sabes encontrarme el punto… sigo masajeando su botoncito al tiempo que con ligeras penetraciones mis dos dedos continúan haciendo que se estremezca y suspire de forma cada vez más acelerada, el morbo, las sensaciones, las emociones son indescriptibles en ese momento.
La imagen de mi derecha es extremadamente erótica, ella sentada con las piernas abiertas, los zapatitos planos de bailarina sueltos por el suelo de coche, su vestido completamente remangado hasta la cintura, sus braguitas amarillas completamente apartadas a un lado mostrando su tesoro húmedo, hinchado, excitado. Su cuerpo completamente arqueado sin que su espalda toque el respaldo del asiento, su mirada perdida en el techo y sus manos aferrándose con gran fuerza a los costados del asiento. Joder que caliente me pone!
Veo la señal de una pequeña y discreta área de descanso, sin dudarlo tomo el carril de deceleración y me dirijo hacia ese parking improvisado. Solamente un cañar nos separa de la vía principal, el sonido de los tráilers al pasar no nos distrae del verdadero cometido de nuestra parada.
Aparco de espaldas a la carretera entre dos moreras, apago el motor y me quito el cinturón, sin dudarlo me abalanzo sobre su boca y comienzo a comerle esos deliciosos labios que hacen levitar, ahora la que está sonrojada es ella.
Con mis manos tiro de esas empapadas braguitas y las dejo caer enrolladas en el suelo del coche, con mi boca me abalanzo sobre su paraíso, saboreándolo, degustándolo, embriagándome de su sabor y aroma. No lo estoy comiendo, lo estoy devorando. Que ganas tenia!
No me molesta ni el cambio, ni el freno de mano, ni el puñetero cofre central que se está clavando en mi pecho, me da todo igual. Solamente quiero sentir ese dulce manar en mi boca y regándome la cara, la barbilla. Mi lengua recorriéndola, jugueteando con el dulce botoncito, mis dedos apretadísimos haciéndose hueco y recorriéndola hasta el alma.
Ya no puedo más, no puedo resistirme más. Impulsivamente salgo del coche y mientras lo rodeo voy despojándome del cinturón y bajando mi cremallera, dejando en completa libertad todo lo que me oprimía.
Abro su puerta, agarro sus preciosas caderas y la pongo en el borde del asiento, sin dilación mi cintura contra su cintura, completamente pegados, unidos, sedientos, hambrientos, excitados, entusiasmados, gozando…
Noto sus exquisitos fluidos calientes y viscosos recorrer mis genitales, mis jadeos, sus suspiros, nuestros cuerpos balanceándose. El ambiente es inigualable, calor húmedo empañan los cristales, ese olor a deseo y pasión inunda el espacio, ese aura solo interrumpida por una frase más que guardo en lo más preciado y profundo de mi cerebro: “Lo quiero dentro, hazlo dentro…”
Ya no pude aguantar más y sin dejar de mover mi cadera, sin dejar de bombear, algo dentro de ella comienza a palpitar con gran energía, nuestros fluidos se mezclaron y salen lubricando todavía más mis duras embestidas. Ella con los brazos estirados agarrándome con fuerza por el cuello, mirándome con cara de placentero sufrimiento. Yo con la cara acalorada y mirándola disfrutando de su increíble belleza, mirándola fijamente a esos ojos oscuros preciosos y deseando besarla como tantas veces he querido hacer y no he podido.
Termino rendido, agotado sobre ella, abrazándola y comiéndole la boca, suspirando de agotamiento. Dejando esos preciosos minutos de relax, bajando pulsaciones y disfrutando de ese preciso instante de placer, amor, amistad, cariño y deseo.
Unos minutos después, volvemos a componernos, ella saca una muda de ropa interior del bolso y nos volvemos a poner en marcha.
El viaje acaba de comenzar, continuara…




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